#SerUniversitario

Experiencias universitarias contadas por universitarios.

La del último esfuerzo

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E̶s̶t̶i̶m̶a̶d̶a̶ ̶l̶i̶c̶e̶n̶c̶i̶a̶d̶a̶

Querida licenciada:

Espero no le moleste algunos excesos de confianza que estoy a punto de tomarme en esta carta, pero no solo necesito, si no que reclamo, su atención.

Sé que usted no me va a recordar. Y lo entiendo. Va a recordar a la chica inocente usando un sweater peludo negro y lápiz de labios rojo, ingenua, la que fui, que hizo la carrera con todo un plan de cosas para hacer después y logros por tener, que perseveró frente a todo, que fue responsable, que fue curiosa y amó aprender y leer y los retos que se le presentaron.

Sé que va a extrañar a la niña y amar a la profesional, y esto que soy yo ahora, esto que no sé qué es, esta persona que está aquí, “La del último esfuerzo”, va a caer totalmente al olvido. Va a ser una versión de usted que le va a parecer embarazosa, pero no olvide (al menos no en el fondo) que yo la hice, que yo la llevé hasta donde está hoy.

Por favor, se lo imploro, cuénteme de ese lugar en el que está. ¿Está cerca? ¿Está lejos? ¿Hace frío? ¿En qué idioma le habló al cajero del súper? ¿A qué dedica su día a día? ¿Es independiente? ¿Es feliz?

Yo solo estoy llena de incertidumbres y preguntas, sin ir a clases que me orienten, sola, con los libros. Me faltan dos finales y la tesis para comenzar a ser usted. No sé en qué momento me despedí de quién era – fue gradual, pasó en algún momento entre que firmé la promoción de una materia y me dieron el okay para rendir otra de libre – y me convertí en esto que soy. “La del último esfuerzo”. La que inventa excusas para salir del departamento, la que nunca tuvo tantos amigos de verdad y, paradójicamente, nunca se sintió tan sola. La que no sabe a quién llamar para que la escuchen. La que llora prácticamente todas las semanas. La que tuvo su primer aplazo en un final. La que se desenamoró un poco de leer, de la belleza de la palabra escrita o recitada con voz entrecortada en un intento desesperado por entender aquel poema modernista que entra en el examen. La que cuestiona la validez de su título, la que piensa que ser licenciada en Lengua y Literatura Inglesas es, francamente, algo inútil en la sociedad en la que vive. La que en el fondo sabe el poder que tienen de verdad las palabras, por algo a Winston Churchill, uno de los grandes responsables de haber ganado la Segunda Guerra Mundial, le dieron el Premio Nóbel de Literatura y no de la Paz. Y las cosas que la gente subestima, como el rol de la lengua en la sociedad, ah, esas son las que de repente te dan vuelta todos los esquemas. La que se está por recibir de licenciada en Lengua y Literatura Inglesas y no tiene ni puta idea de para qué sirve la literatura, honestamente, aunque es una pregunta que haya ponderado por ya casi una década, aunque la ame con cada célula de su ser, aunque la haya sacado de situaciones muy oscuras, aunque haya salvado mi vida… Y creo que yo sola me estoy empezando a dar respuesta.

Tengo preguntas para hacerle, y no son las mismas que le hubiera hecho hace menos de un año, cuando estaba terminando de cursar. A esa versión de nosotras la movían otras cosas, y estoy profundamente agradecida por eso, porque por ella existo. Ella estaría interesada en sus ambiciones, en el prestigio, en sus logros, en el promedio con el que terminó la carrera, en qué tanto la conocen y valoran como colega la gente de su área.

Mis preguntas son otras. ¿Para qué sirve un título en Lengua y Literatura Inglesas? ¿Pudo alguna otra persona en una posición de darle un trabajo, de abrirle la posibilidad de una vida verdaderamente independiente, ver el valor de su título? ¿Lo ve usted? ¿Cómo lo ve? ¿Si le cuento la historia de una nena de diecisiete años que un día se levantó y decidió que iba a estudiar Traductorado de Inglés en Córdoba, que al año siguiente empezó la licenciatura, y que de a poco fue dejando el Traductorado a favor de la licenciatura, volvería el tiempo atrás? ¿Cambiaría las cosas? Y si decidiese que nada cambiara, ¿por qué es así? ¿Cuáles fueron las lecciones importantes que aprendió en este tiempo? Verá, yo estoy demasiado cerca de ellas para verlas.

¿Qué utilidad le dio a su título? ¿Esta utilidad es tangible o existe implícitamente, en cosas menos mesurables? ¿Dónde lo tiene colgado? ¿Qué tal quedó la tesis?

¿Está usted orgullosa? ¿Se enorgullece de la niña que éramos? ¿Se enorgullece de mí? ¿Se enorgullece de usted?

No le pregunto si haber sufrido hoy para que sea usted quien es valió la pena, porque sé que sí. Quizás me puse dramática al principio. Solo quería llamar su atención. Sé que usted me valora, y que si pudiera me vendría a abrazar. Sé que usted reconoce que a mí me tocó la parte fea de todo esto. Sé que usted valora que sea yo y no usted “la del último esfuerzo”. Sé que preferiría olvidarse de mí, pero que ahora mismo estoy construyendo los cimientos de quien usted es ahora, y que a eso no puede darle la espalda, no en el fondo.

Déjeme adivinar algunas cosas de usted, porque algo la conozco. Todavía escribe, porque si no, francamente, se volvería loca. Ya tiene pequeñas mañas, como la de fijarse en pequeños fallos de la gente cuando hablan – un son cuando iba somos, una estructura gramatical cuando esperaba otra. Sabe que la gente cree que puede controlar sus palabras, pero que es una falsa creencia. Porque podemos controlar lo grande, pero son los detalles los que nos delatan. Sé que usted aún tiene la maña, que conoce el poder subestimado del lenguaje. Sé que encontró una forma de hacer de su título un acto de amor no solo hacia sí misma, si no hacia la sociedad. Francamente, si le dio la herramienta de la literatura a alguien más, todo este parto habrá valido la pena. Si el título la habilitó a tener acceso a un suelo más amplio para plantar la semilla de la literatura, de la palabra, de la lengua, y que caiga a quien caiga, puedan encontrar en estas nobles disciplinas ya sea un cobijo en tiempos de crisis o una herramienta con la que cambiar el mundo – y quizás ambas, todo esto valió la pena.

Sé que me perdona por mi aplazo, y que incluso fue una lección tremendamente valiosa que, en parte, la hizo la mujer que es hoy. Sé que cosechó cosas más importantes de él, más importantes que el simple número y la tristeza que causó. Eso es lo que hacemos, usted y yo, no solo volvemos a construir después de que se nos derrumbe la casa, si no que esta vez nos aseguramos de hacerle cimientos más fuertes. Eso es lo que me está llevando hacia adelante. Saber que alguna vez fui una niña que tuvo un momento como este, cuando recién empezábamos este viaje, y saber que haber sido esa niña me permitió ser quien soy hoy, quien fui hace un año, cuando era feliz. Sé que estoy por dejar un legado, si no a nivel sociedad, a nivel personal. Y como dice mi musical favorito, dejar un legado es plantar las semillas de un jardín que no vas a llegar a ver.

Sé que sacar motivación de donde no la hay va a valer la pena, porque quiero conocerla. Aunque tenga que pasar por este momento de incertidumbre y confusión. Aunque todas mis estructuras se estén derrumbando a mi alrededor. Aunque esté cometiendo errores dolorosos, pero así ahorrándoselos a usted, la profesional. Sé que todo valdrá la pena porque algún día voy a conocerla. Porque algún día, que quizás no sea el día en que cuelgue el título en su pared – un día cualquiera, luego de unos cambios que se habrán extendido tanto en el tiempo que se habrán vuelto imperceptibles, un día va a llegarle la certeza que usted es ahora usted, que ya no es yo, que tiene un suelo firme que pisar, que las cosas están estables, que es feliz.

Es por ese día por el que sigo.

Le diría que ansío su respuesta, pero honestamente, tómese su tiempo. Y nunca se olvide de mí.

Sin otro particular,

Yo, “la del último esfuerzo” 

Autor: Virginia Castiglione

Arranqué mi vida universitaria con el Traductorado Público Nacional de Inglés en la Facultad de Lenguas de la Universidad Nacional de Córdoba, pero ahora sólo coqueteo con esa carrera: La cambié por la Licenciatura en Lengua y Literatura Inglesas. Si soy sincera, no sé exactamente qué quiero hacer con mi vida, excepto escribir. Soy fanática de la literatura anglosajona (pero no le hago ascos a la latinoamericana) y escribo cuentos, obras de teatro y poesía en inglés. Me considero una niña que no quiere compartir sus crayones atrapada en el cuerpo de una adulta y me encanta el arte experimental. Me puedes seguir en Twitter en @WithLoveVir


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Un comentario

  1. Muy emotivo y hermoso. Me hizo sentir cada palabra aunque no me represente.

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