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Experiencias universitarias contadas por universitarios.

Llegar al título intermedio

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Hace tiempo que no me detengo a escribir algo sobre mis andanzas universitarias. Debido a los lindos comentarios que recibí en el primer post “Estudiar una carrera de grado a distancia”, acá estoy, lista para contar más.

En esta oportunidad quería transmitir la alegría que tengo por haber llegado al tan anhelado título intermedio. Ahora también soy Técnica Universitaria en Ciencias Empresariales. Flor de nombre. Más allá del nombre y del conocimiento adquirido, en este caso para mí la valoración fue otra. La importancia de llegar y ver cómo de a poco se va materializando el sueño, el título. Cuando estudiás a distancia y trabajás, después de años de cursadas, llegar a primera base es super reconfortante. Caés, creés que podés, que es lo tuyo y ves cómo tu entorno, sobretodo, en mi caso, mi familia, entiende el porqué de tantas horas estudiando, tantos “no, tengo que estudiar”, como respuesta a todo. Eso me paso a mí. Y ese golpe anímico me está sirviendo para encarar el último tramo de finales para la licenciatura.

Rendir el último final que me faltaba para recibir el título intermedio fue más o menos así. Después de noquear a la culpa decidí presentarme a ese solo final, Historia Social General. Es que cada viaje tiene grandes costos, y eso hace que, en mi caso, cada vez que abre la mesa de finales me presente a más de uno. Claro, como para amortizar el gasto. En esta oportunidad mi novio me llevó a rendir. Salimos en auto a la madrugada hacia Mar del Plata, lluvia torrencial de por medio. A esta altura reconozco que creo en las cábalas, o señales del destino, y para mí esa era la lluvia bendita. Era el tercer intento, si desaprobaba tenía que recursar la materia. Toda la opresión en su máxima expresión, pero trate de no pensar en eso. Me relajé y empecé a responder. Salí conforme de rendir, más bien, salí aliviada.

Pasé días de mucha ansiedad, días en donde ni bien me despertaba abría el campus, entraba a la foja académica con la desesperación de ver la nota. El corazón me latía a dos mil palpitaciones por minuto. Me desperté de una siesta y me encontré con ese anhelado 6 de ese bendito final, ese hermoso APROBADO. Y lloré de emoción. Me fundí en un abrazo con mi novio y empecé a escribir y a llamar a todo el mundo para contarles. Esto sería el equivalente de salir del aula y que todos te estén esperando afuera para “mantearte”.

Ahora pienso mientras escribo esto, que ese aprobado llegó en el momento justo; llegó después de un par de intentos, justo cuando la frustración se hacía presente y aparecía la punzante angustia de sentir que no avanzaba. Y no exagero. Como les conté, estudiando a distancia todo tiene otro sabor, otro tinte que lo hace distinto. Obtener este título a distancia, cómo decirlo, es más que un punto seguido, es un premio al esfuerzo, a la constancia. Un diploma que te invita a seguir. Es una palmada en la espalda, un susurro: “dale, vos podés, seguí”.

Por suerte el título no solo me sirvió en lo anímico, también para un reconocimiento económico en el trabajo. Alimentando la confianza, empecé a experimentar eso que muchos dicen: trabajar de lo que te gusta. En los tiempos que corren, no es poco y lo comparto. Si muchos pueden, yo también. Vos también. Es solo cuestión de animarse.

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Autor: María Eugenia Acevedo

Futura Licenciada en Administración, graduada de la UVQ. Por ahora estudiante. Recientemente Técnica Universitaria en Ciencias Empresariales y casada. Olavarriense por el mundo.


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