#SerUniversitario

Experiencias universitarias contadas por universitarios.

“¡No quiero leer más!”: Estos 6 libros te harán cambiar de opinión

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Sé en lo que están pensando (“¿la mina esa quiere decir… novelas? ¿o sea libros con páginas que tienen palabras impresas? ¿más para leer? ¡NO! ¡NO QUIERO! ¡LLEVEN A LA BRUJA A LA HOGERA!”).

Pero hay cosas que valen la pena leer, aunque no te pongan una nota al final, y hay algunos libros en particular que solo se pueden experimentar de cierta manera si los lees en algún momento de tu vida universitaria. Son libros que te van a encontrar en el momento en el que los necesitas, te van a dar un cálido abrazo literario, como para decirte que no estás solo, y te van a dejar con preguntas que de a poco te van a volver loco (pero de eso se trata la vida, ¿no? ¿No? Bueno, bajá la antorcha por favor).

Antes de que desvaríe más y ya no pueda salir de mi casa por la multitud enojada de afuera, ahí van las recomendaciones:

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Esperando a Godot por Samuel Beckett

Recomendado para: “Pará, ¿todos estos años me va a llevar recibirme?”, amantes del surrealismo, gente en contra del sistema (después me contarán por Twitter qué es el sistema), gente a la que no le molesta estar un poco confundida (prometo que al final todo va a tener sentido… creo), “la facultad me hace sufrir pero sigo ahí”, “soy el último de mis amigos en recibirme y necesito un abrazo”.

De qué va: Es una obra de teatro cortita, está re volada, y al principio parece que no tiene sentido, hasta que de repente todo tiene sentido, y les hago una mini representación de como piensa el autor de la obra mientras la está escribiendo: “Godot es Dios (por eso le puse el equivalente al español de “Diosoto”), pero ahora cambié de opinión, no, no es Dios” (hay que amar a Beckett), pero ¿qué es, quién es, qué significa?

Vladimir y Estragon son dos hombres que llevan vagando juntos por el bosque un tiempo. Están matando tiempo mientras esperan la llegada de Godot (que el autor insiste que no es Dios), que va a venir y hacer sus vidas mejores. Es como si tomara la frase de John Lennon “la vida es lo que pasa mientras estamos ocupados haciendo otros planes” y la hiciera obra de teatro. Vos pensá que Godot es tu título universitario y de repente toda la obra cobra sentido. Y te entiende mejor que nadie. Continuar leyendo →

Redescubriendo mi carrera

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Hace poco les conté de mi experiencia trabajando en algo completamente distinto a lo que estudié (en este post), y desde ese día me quedé pensando en cómo ese trabajo influyó en mí mucho más de lo que creía…

Cuando elegí mi carrera, lo hice porque me gustaba el mundo empresarial y me parecía divertido estudiarlo y conocer un poco sobre cada uno de sus aspectos. Me decidí a estudiar Administración porque el abanico de materias me dejaba espiar en cada parte de una empresa. A medida que cursaba fui conociendo las áreas que más me gustaban y las que no tanto (por qué negarlo, ¿no? Supe antes del primer parcial que no quería saber nada con el sector financiero, no era para mí).

A mitad de mi primer año de cursada comencé a dar clases de inglés en un jardín a peques de 3, 4 y 5 años. Aunque en ese momento no sentía que me sumara demasiado profesionalmente, pensé que era una buena oportunidad de primer trabajo: me permitía cubrirme gastos de traslado a la facu y algunas cosas más; y era en un ámbito familiar, el colegio donde yo había hecho parte del jardín y todo el secundario. Además, la cantidad de horas que trabajaba me permitía cursar y estudiar casi sin complicaciones (y digo casi porque el trabajo que me llevaba a casa ¡era un montón!). Continuar leyendo →

La clave no es simple, pero es clara

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Alegría. Eso es lo que siento ahora. Feliz, así estoy. ¿Por qué? Gracias a Dios tengo muchas razones, pero hoy una se destaca: ¡Aprobé Análisis Matemático 2! Sí, esa materia que supuestamente hace temblar a todo el mundo. Aquel picaporte que me abre la mitad de la carrera, sin el cual no podría seguir. Ese temor de los contadores y los administradores, que nos creen dioses supremos del universo a los que logramos aprobar la continuación de esa materia que les hizo pasar por el infierno a muchos, en el tan odiado CBC. ¿Y saben qué? No fue imposible. Tampoco fue fácil, ni mucho menos. Ni muchísimo menos. Pero fue posible.

Una vez más, queda científicamente comprobado que las horas dedicadas al estudio son directamente proporcionales a las posibilidades de aprobar.

No me considero un pibe inteligente, pero sí perseverante en lo que me gusta. Y esa, para mí, es la clave. Perseverar. Levantarse de las caídas, de los errores, y seguir caminando. Por eso, hoy siento ganas de gritar: ¡Basta de boludeces! Basta de rendirse ante la primera decepción, basta de querer estudiar todo el último día a la noche. Continuar leyendo →

Febo asoma

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Son las 4 am y no dejo de mirar mi resumen de Introducción a la Educación como si estuviera escrito en chino mandarín.

Pienso… ¿Por qué no empecé antes? ¿Por qué no seguí el hilo de las clases? Y entre todos esos “por qué”, me acuerdo de un par de cosas: trabajé, cursé y casi ni dormí, tal vez, esas sean las respuestas.

Vuelvo a la realidad, veo otra vez el resumen y la taza de café casi vacía al lado mío… ¿Promoción? Mejor me olvido, ¿no? Creo que sí. Continuar leyendo →

Cumple sus sueños quien resiste

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¿Qué hacer cuando la adversidad es más fuerte que uno? ¿Cómo sobrevivir a esos días en los que sentimos que a pesar de nuestros mayores esfuerzos, nunca es suficiente? ¿A quién recurrir cuando uno no puede sacar lo mejor de sí? A veces, la verdad duele. Y a veces, ser un estudiante es una realidad que duele más de lo que podemos tolerar. Entonces… ¿cómo seguir? ¿cómo ignorar la frustración, el dolor, la tristeza y la eterna sensación de que podríamos haberlo hecho mejor?

A veces no se puede. A veces hay que transitar esa frustración y ese dolor para aprender una lección, para entender que hay errores que no podemos cometer nunca más. La universidad no es sólo un lugar donde se nos forma académicamente. Para bien o para mal, aprendemos algo más: el soportar la adversidad, el ser resiliente, perseverante, fuerte, estable, independiente y, por qué no, valiente. Continuar leyendo →

Trabajar de lo que no estudié

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Hoy Facebook me recuerda una foto que compartí hace 4 años, de mi primer trabajo… Y no sólo me saca una sonrisa, sino que también me hace pensar en todo lo que ese trabajo me enseñó, a nivel laboral y personal, que no habría aprendido si no me hubiera animado a dar clases.

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En 2007, mientras cursaba mi primer año de Administración de Empresas, me ofrecieron mi primer trabajo: “maestra de inglés para salas de 3, 4 y 5 años”. El sueldo no era mucho y el trabajo era un montón, pero después de pensarlo unos días y charlarlo en casa, acepté y empecé a prepararme: fui a visitar a mis futuros alumnitos en sus clases de inglés para que la profe me presentara, me reuní con la coordinadora y la profe para ver las planificaciones y preparar los materiales que necesitaba, y me senté durante una semana entera (estaba en vacaciones de la facu) a armar trabajitos y a buscar y aprender canciones.

¿Los pro? Iba a trabajar pocas horas (aunque en casa trabajaba un montón) y podía cargar saldo para viajar y para el celu (sumado a la mensualidad que me daba mi abuela, era prácticamente rica… ponele).

¿Los contra? Era mucho trabajo fuera del cole, y el sueldo me alcanzaba sólo para bancarme los viajes en subte o bondi. (Cosa que con el tiempo, claro, mejoró y pude darme gustitos también.) Continuar leyendo →

El drama de “comprar un título”

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Escribo esto un poco como testigo del histórico enfrentamiento entre universidades públicas y privadas. Actores de ambos bandos se han cansado hasta el hartazgo de discutir sobre el tema, defendiendo sus posiciones, dejando de lado las similitudes y enfatizando las diferencias. Actualmente soy estudiante en una universidad privada, y como tal, puedo vivir en carne propia ciertos prejuicios que se tienen por el simple hecho de haber decidido estudiar en una institución arancelada.

En ese momento en el que le cuento a cualquier persona que estudio en una universidad privada (y para colmo Abogacía) recibo preguntas del estilo ¿Y por qué no en la nacional? O ¿Por qué gastas plata en algo que podrías conseguir de manera gratuita? No es necesario entrar en los fundamentos que yo pudiera esgrimir para contestar a esto, sino dejar en claro el punto en que, como sociedad, nos gastamos en realizar valoraciones que pueden no tener un sustento o fines claros, sino el mero propósito de dejar a relucir el hecho de que “como el otro no actúa como lo haría yo, está haciendo algo estúpido”. Continuar leyendo →

Un mensaje de esperanza

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Me gustaría comenzar esto que estoy por escribir (y que aún no estoy muy segura de cómo va a terminar) aclarando que, si bien no soy caprichosa ni selectiva respecto a quién decide leer esta pequeña reflexión, todo lo que viene a continuación está particularmente dedicado a todo aquél que se egrese este año de la secundaria y venga buscando consuelo y respuestas como un oasis en el medio del desierto. Esto es, como he aclarado en el título, estimado Egresado, un mensaje de esperanza.

Desde chica supe que iba a estudiar. No sabía bien qué, ni en dónde, pero –al menos para mí– era algo tan natural y de sentido común como decir que el cielo es azul. Tuve la suerte de que, en casa, siempre se preocuparan por transmitirme el valor de la educación y de estudiar; nunca tuvieron que sentarme y decirme “Querida, tenés que ir a la Universidad”. Nunca me sentí obligada a hacerlo, tampoco; mis hermanas, gracias al esfuerzo de mis padres (él escobero, ella empleada doméstica), también habían tenido la oportunidad de hacerlo, y no estaba en mis planes ser la excepción: lo tenía asumido, iba a egresar, y me iba a ir a estudiar. Pero lo más importante es que iba a devolverles todo lo que hicieron por mí, y hacerlos sentir orgullosos. Continuar leyendo →

Universidad cerrada

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Unas dos semanas atrás, festejaba que en una de las clases que curso, las profesoras decidían adherirse a un paro lo cual significaba que esa mañana me podía quedar a dormir hasta tarde.

Una semana atrás nos avisaron que toda esta semana no tendríamos clases de esta materia. Luego nos dijeron lo mismo las profesoras de la otra materia. Y luego una tercera. Finalmente, cursé solo dos materias de las ocho que curso actualmente.

Algunas porque los profesores se adhirieron al paro. Otras porque el servicio de maestranza de la facultad tomó la decisión de parar y por ende la facultad estaba cerrada. El personal docente, el no docente: algo está pasando.

De repente, en la universidad ya no se siente el aire de siempre. Ese aire de inspiración, de un fluir de la gente, de camaradería. De repente, tener un día libre no se siente bien. De repente, la universidad pública que tanto vanagloriamos en el mundo que tiene siempre sus brazos abiertos, hoy los tiene cruzados.

Y que quede claro que esto no es un asunto político-partidario. Escuché a mucha gente hablar de que “el paro es político”, como si la educación pudiera tomar partidos. Los que hayan ido a la facultad sabrán que los que trabajan en las instituciones, al igual que todas las personas, tienen ideologías diferentes, responden a diferentes intereses y por ende no son un bloque masivo que piensa uniformemente. El conflicto que sobrevuela este asunto excede lo partidario. No interesa el gobierno de turno ni a quién hayas votado, la educación pública es una cuestión de todo el estado, de toda la sociedad. Pero es fácil quejarse. Siempre estamos hablando de que las instituciones educativas ya no son tan buenas como antes, que los alumnos no salen preparados, que los mejores profesionales se forman afuera. Señalar a los profesores de vagos, que no tienen ganas de trabajar. Que los estudiantes no quieren sentarse a leer. Continuar leyendo →