#SerUniversitario

Experiencias universitarias contadas por universitarios.

Cumple sus sueños quien resiste

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¿Qué hacer cuando la adversidad es más fuerte que uno? ¿Cómo sobrevivir a esos días en los que sentimos que a pesar de nuestros mayores esfuerzos, nunca es suficiente? ¿A quién recurrir cuando uno no puede sacar lo mejor de sí? A veces, la verdad duele. Y a veces, ser un estudiante es una realidad que duele más de lo que podemos tolerar. Entonces… ¿cómo seguir? ¿cómo ignorar la frustración, el dolor, la tristeza y la eterna sensación de que podríamos haberlo hecho mejor?

A veces no se puede. A veces hay que transitar esa frustración y ese dolor para aprender una lección, para entender que hay errores que no podemos cometer nunca más. La universidad no es sólo un lugar donde se nos forma académicamente. Para bien o para mal, aprendemos algo más: el soportar la adversidad, el ser resiliente, perseverante, fuerte, estable, independiente y, por qué no, valiente. Continuar leyendo →

Trabajar de lo que no estudié

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Hoy Facebook me recuerda una foto que compartí hace 4 años, de mi primer trabajo… Y no sólo me saca una sonrisa, sino que también me hace pensar en todo lo que ese trabajo me enseñó, a nivel laboral y personal, que no habría aprendido si no me hubiera animado a dar clases.

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En 2007, mientras cursaba mi primer año de Administración de Empresas, me ofrecieron mi primer trabajo: “maestra de inglés para salas de 3, 4 y 5 años”. El sueldo no era mucho y el trabajo era un montón, pero después de pensarlo unos días y charlarlo en casa, acepté y empecé a prepararme: fui a visitar a mis futuros alumnitos en sus clases de inglés para que la profe me presentara, me reuní con la coordinadora y la profe para ver las planificaciones y preparar los materiales que necesitaba, y me senté durante una semana entera (estaba en vacaciones de la facu) a armar trabajitos y a buscar y aprender canciones.

¿Los pro? Iba a trabajar pocas horas (aunque en casa trabajaba un montón) y podía cargar saldo para viajar y para el celu (sumado a la mensualidad que me daba mi abuela, era prácticamente rica… ponele).

¿Los contra? Era mucho trabajo fuera del cole, y el sueldo me alcanzaba sólo para bancarme los viajes en subte o bondi. (Cosa que con el tiempo, claro, mejoró y pude darme gustitos también.) Continuar leyendo →

El drama de “comprar un título”

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Escribo esto un poco como testigo del histórico enfrentamiento entre universidades públicas y privadas. Actores de ambos bandos se han cansado hasta el hartazgo de discutir sobre el tema, defendiendo sus posiciones, dejando de lado las similitudes y enfatizando las diferencias. Actualmente soy estudiante en una universidad privada, y como tal, puedo vivir en carne propia ciertos prejuicios que se tienen por el simple hecho de haber decidido estudiar en una institución arancelada.

En ese momento en el que le cuento a cualquier persona que estudio en una universidad privada (y para colmo Abogacía) recibo preguntas del estilo ¿Y por qué no en la nacional? O ¿Por qué gastas plata en algo que podrías conseguir de manera gratuita? No es necesario entrar en los fundamentos que yo pudiera esgrimir para contestar a esto, sino dejar en claro el punto en que, como sociedad, nos gastamos en realizar valoraciones que pueden no tener un sustento o fines claros, sino el mero propósito de dejar a relucir el hecho de que “como el otro no actúa como lo haría yo, está haciendo algo estúpido”. Continuar leyendo →

Un mensaje de esperanza

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Me gustaría comenzar esto que estoy por escribir (y que aún no estoy muy segura de cómo va a terminar) aclarando que, si bien no soy caprichosa ni selectiva respecto a quién decide leer esta pequeña reflexión, todo lo que viene a continuación está particularmente dedicado a todo aquél que se egrese este año de la secundaria y venga buscando consuelo y respuestas como un oasis en el medio del desierto. Esto es, como he aclarado en el título, estimado Egresado, un mensaje de esperanza.

Desde chica supe que iba a estudiar. No sabía bien qué, ni en dónde, pero –al menos para mí– era algo tan natural y de sentido común como decir que el cielo es azul. Tuve la suerte de que, en casa, siempre se preocuparan por transmitirme el valor de la educación y de estudiar; nunca tuvieron que sentarme y decirme “Querida, tenés que ir a la Universidad”. Nunca me sentí obligada a hacerlo, tampoco; mis hermanas, gracias al esfuerzo de mis padres (él escobero, ella empleada doméstica), también habían tenido la oportunidad de hacerlo, y no estaba en mis planes ser la excepción: lo tenía asumido, iba a egresar, y me iba a ir a estudiar. Pero lo más importante es que iba a devolverles todo lo que hicieron por mí, y hacerlos sentir orgullosos. Continuar leyendo →

Universidad cerrada

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Unas dos semanas atrás, festejaba que en una de las clases que curso, las profesoras decidían adherirse a un paro lo cual significaba que esa mañana me podía quedar a dormir hasta tarde.

Una semana atrás nos avisaron que toda esta semana no tendríamos clases de esta materia. Luego nos dijeron lo mismo las profesoras de la otra materia. Y luego una tercera. Finalmente, cursé solo dos materias de las ocho que curso actualmente.

Algunas porque los profesores se adhirieron al paro. Otras porque el servicio de maestranza de la facultad tomó la decisión de parar y por ende la facultad estaba cerrada. El personal docente, el no docente: algo está pasando.

De repente, en la universidad ya no se siente el aire de siempre. Ese aire de inspiración, de un fluir de la gente, de camaradería. De repente, tener un día libre no se siente bien. De repente, la universidad pública que tanto vanagloriamos en el mundo que tiene siempre sus brazos abiertos, hoy los tiene cruzados.

Y que quede claro que esto no es un asunto político-partidario. Escuché a mucha gente hablar de que “el paro es político”, como si la educación pudiera tomar partidos. Los que hayan ido a la facultad sabrán que los que trabajan en las instituciones, al igual que todas las personas, tienen ideologías diferentes, responden a diferentes intereses y por ende no son un bloque masivo que piensa uniformemente. El conflicto que sobrevuela este asunto excede lo partidario. No interesa el gobierno de turno ni a quién hayas votado, la educación pública es una cuestión de todo el estado, de toda la sociedad. Pero es fácil quejarse. Siempre estamos hablando de que las instituciones educativas ya no son tan buenas como antes, que los alumnos no salen preparados, que los mejores profesionales se forman afuera. Señalar a los profesores de vagos, que no tienen ganas de trabajar. Que los estudiantes no quieren sentarse a leer. Continuar leyendo →

LOS INGRESANTES – El Grito

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El Grito– ¿Estás seguro de que esto es lo que querés, Fede? – me pregunta mi vieja por vez número diez mil quinientos sesenta y seis.

(Efecto de sonido: Martilleo prolongado.)

– Sí, mamá – se lo digo con una calma estudiada que llevo usando como un antifaz hace ya dos meses. Me sirve como escudo.
Mi mamá no es tan mala como mi padre, aunque sé que en este momento se está arrepintiendo de las clases de piano que insistió en que tomara cuando era niño. Sé que me mira y se está preguntando cómo el mismo niño que practicaba Beethoven con una disciplina inusual para su edad (un niño que, por cierto, conserva esa disciplina a los dieciocho, no hay que descuidar al maestro) puede haberse convertido en… bueno, en esto.

Si digo que soy la oveja negra de la familia, me quedo corto. Mi viejo es ingeniero químico y trabaja en la industria petrolera. Tenemos una vida muy cómoda aquí en Comodoro Rivadavia. Mi vieja es pediatra. Mis hermanos no están tan mal. Los admiro, aunque me gustaría recibir el mismo trato que reciben ellos, en lugar de que mi papá me descalifique totalmente solo porque soy músico.

Mi hermana mayor, Sabrina, está haciendo la residencia de cirugía en Estados Unidos, en el Massachussets General Hospital. Parece que quiere ser neurocirujana y muestra mucho talento. Mi hermano menor Darío se pasa los ratos libres hackeando lo que sea que le pongas en la pantalla y te puede arreglar la computadora o el teléfono en menos de cinco minutos, quince si el problema es grave. Continuar leyendo →

Ya sé qué quiero ser cuando sea grande

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Hace tiempo que venía pensando en escribir este post, pero por alguna razón algo me frenaba. Probablemente porque este tipo de revelaciones no ocurre tan seguido, y puede llegar a ser algo demasiado personal como para compartirlo con todo el mundo cibernético.

Los estudiantes de Medicina en general sufrimos un flagelo eterno desde el día que decimos: “Mamá, papá: voy a estudiar Medicina”. Desde ese momento, no hay cumpleaños, ni reunión familiar, ni velorio en el cual no te pregunten: “¿Y qué especialidad vas a seguir, querida?”.

Por alguna misteriosa razón, la familia cree que estudiar Medicina no es suficiente. Creen que uno nace con la misión de vida de ser especialista en dedo meñique del pie izquierdo y que lo sabemos desde que tenemos 12 días de vida, pero que lo ocultamos porque nos queremos hacer los interesantes. Continuar leyendo →

#SerUniversitarioFest 3

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Imagine que se acerca el 9 de marzo de 2016 y usted está muy feliz porque #SerUniversitario cumple 4 años y por el reciente lanzamiento del #Campus, entonces decide hacer una fiesta. Responda las siguientes preguntas, justificando las respuestas:

1. ¿Cúando será la fiesta?
La #SerUniversitarioFest se realizará el día sábado 12 de marzo de 2016.

2. ¿Dónde?
Será en Gabbana Bar, un bar-boliche ubicado en Godoy Cruz 1752, en el barrio de Palermo de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Para saber cómo llegar podes usar esta página: http://mapa.buenosaires.gob.ar/.

3. ¿Cuánto sale la entrada?
La entrada anticipada sale $50 (cincuenta pesos argentinos con cero centavos). Con lo recaudado nos ayudás a seguir manteniendo la página, mejorar el #Campus (que fue lanzado esta semana) y a expandirlo a todas las universidades, y a llevar a cabo otros proyectos que tenemos en mente para seguir mejorando la calidad de vida de todos los universitarios (y pre-universitarios). Continuar leyendo →

#Campus: universitarios con superpoderes

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Una vez cursé una materia en la que me tocó un profesor “chapado a la antigua”. Con esto me refiero a que su forma de enseñar se basaba en tratarte como un ser inferior, que no sabe nada, que no tiene sentimientos y que no tiene permitido equivocarse. Y si te equivocabas en algo, podías ser humillado enfrente de todo el curso (de más de 120 personas). Puedo decir que ese profesor fue con el que peor la pasé hasta ahora en la universidad.

Toda la creatividad y el potencial que tenía adentro mío, lo sentía desperdiciado. No pude disfrutar de esa materia, a la cual había llegado con buenas expectativas. Recuerdo que la primera clase éramos unos 50 o 60 alumnos, y el profesor nos recibió con un “de acá para allá (señalando a más de la mitad del curso) no van a aprobar esta materia y se van a quedar en el camino”. Sí, super motivante.

Más allá de su actitud soberbia y su tono de voz gritón, se notaba que sabía mucho sobre el tema y que sus casi 60 años traían consigo una vasta experiencia. Continuar leyendo →

Es sólo una cuestión de actitud

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Estoy entrando por la puerta de la facultad mientras me saco los auriculares. Voy caminando por el pasillo al que dan todas las aulas y, afuera, contra las paredes, hay mucha gente apoyada estudiando con los apuntes. Desde el tren que los vengo rastreando como puntos en la multitud. A medida que me había ido acercando hacia el epicentro del caos se iban multiplicando. Caminando por la calle leyendo. Pasando pilas y pilas de hojas. Es época de exámenes.

Hoy hice una excepción y llegué puntual. Yo también tengo examen, pero todavía estoy un poco dormido para estar tan exaltado como mis compañeros. No vinieron muchos aún, y para cuando llegue la profesora tampoco habrán llegado muchos. Faltaron por miedo.

Frente a mí hay un grupo de chicas, todas ojerosas. Una le dice a las amigas que no durmió en toda la madrugada por quedarse estudiando. Llegan algunos compañeros y me preguntan si estudié. Les digo que repasé de los apuntes y se quedan mirándome atónitos. Me dicen que era una banda, que uno se levantó una hora antes para repasar. Me recuerdan que estamos en la universidad, que no es la secundaria, que esta universidad tiene mucho prestigio. Ahora me inquieto un poco, pero después me acuerdo que todavía falta otro parcial, que quizás haya recuperatorio y que de última, solo es una materia. Me recuesto otra vez, estirado en la silla, bastante relajado. Van llegando. Todos están frenéticos con sus apuntes, repitiendo frases en voz baja. Hay uno que me llama particularmente la atención: pasa las hojas de los apuntes como mirando todo a ver si encuentra una respuesta mágica a último momento. Algo que lo ilumine crucialmente. Continuar leyendo →