#SerUniversitario

Experiencias universitarias contadas por universitarios.

Carreras, idiomas, trabajo (sin perder vida social)

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El título da algunas pistas acerca de lo que pueden llegar a haber sido mis experiencias académicas. Quizá le interese leer acerca de experiencias hermosas y letales como la universidad, el trabajo, los parciales, elegir carreras y no perder la vida social. Si es así, le ruego lea con atención.

Me llamo Micaela y mis apodos son múltiples pero prefiero que me llamen Micaela. O en su defecto Mica, un equivalente que le hace bastante justicia a mi nombre, por lo general, víctima de tergiversaciones tales como Micky, Micatrela. Mejor no hablemos de eso. Curso Traductorado científico-literario en Inglés en la Universidad del Salvador. Que nombre! Significa que puedo hacer montones de cosas que describiré más tarde. Pero al ser mi primer post, va a estar todo un poco mezclado y sin sentido. La paciencia es lo último que se pierde, así que vamos, siga prestando atención.

Tuve una primaria y secundaria bastante promedio. No iba a colegio bilingüe, no iba a colegio industrial, no iba a colegio de magisterio, no iba a colegio técnico. Nada, señora, nada. Lo único potable allí eran los idiomas. Empecé francés a los seis años y medio. Apenas una criatura aprendiendo a pronunciar” Omelette Du Fromage”. En cuarto grado decidieron incorporar el idioma inglés al colegio. ¿Para qué? Me complicaron tanto la vida con esa decisión. Era malísima para inglés. Leyó bien. Malísima, paupérrima, daba penita. Las vueltas de la vida. Aprendí los dos idiomas, amando el francés y odiando el inglés primero. Unos años más tarde, y no me pregunte qué pasó, la vida me hizo apreciar el inglés. Empecé a navegar el maravilloso (y peligroso!) mundo cibernético. Y claro, TODO en inglés. Y no existía el traductor de Google o el Wordreference en aquellos lejanos tiempos. Ah, no, crecías a los golpes. Aprendí inglés a los ponchazos. Tanto que le tomé cariño.

Terminé la secundaria con el mismo nivel de inglés y de francés. Y dos meses antes de terminar el colegio, ¡pum! test vocacional. Ah, pero quién habrá sido el genio que inventó esas cosas? Dicen que los resultados de esos tests son ante todo “muy personales, abocados a las habilidades y capacidades de cada individuo“. Menos mal, porque las preguntas de los tests son las mismas para todos. Como si no hubiera millones de variables en la vida. Me acuerdo que me preguntaban cosas como: ¿Le gusta cocinar? Y había casilleros con Sí, No, A veces. ¿Qué podía responder? A mí me gusta cocinar cuando estoy feliz, cuando no tengo preocupaciones o cosas más primordiales para hacer, cuando tengo hambre, cuando no hay nadie en casa, qué se yo, sí, calculo que me gusta cocinar. Se imaginará los resultados de ese test. Salió que debía estudiar algo relacionado con el arte (reconozco que ahí estuvieron cerca) y con la construcción (no sé si maestra de obra, ingeniera civil, carpintera o vidriera).

Cuestión que me anoté en Diseño Industrial en la UBA. Y pasaron muchas cosas interesantes allí. Dejé la carrera a los dos años. Le arruiné el final de la historia, mil perdones. En el 2010, me anoté para esta bellísima carrera de interpretar mensajes y traducirlos a otro idioma. De ésto van a tratar mis próximos posts. De las elecciones, las primeras impresiones con las facultades, las segundas impresiones (quizá más importantes aún), de las presiones, de los trámites burocráticos, y de cómo sigue la vida luego de firmar el papel de sentencia que te aferra a una universidad, más precisamente a una facultad y carrera.

Todo esto sin perder vida social y cuidando y enseñándoles inglés a 60 chicos todos los días (porque como no podía con mi genio, trabajo en un colegio!)

Que tenga usted muy buenas mañanas/tardes/noches y nos vemos en el próximo post.

PD: No se crea que voy a evitar tutearlo siempre, es sólo para causar una buena impresión. No se acostumbre señor lector.

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Autor: Micaela Burlet

Traductora científica-literaria en Inglés. Mejor teacher de segundo, tercero, cuarto, quinto, blah blah. Brutal y tierna al mismo tiempo. Amo cantar.


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