#SerUniversitario

Experiencias universitarias contadas por universitarios.

Cuando el arte y la ciencia conviven en tu interior

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Toda mi vida estuve muy decidido de que quería ser artista. Desde muy chiquito, soñaba con poder estudiar en yanquilandia Cine, Canto o Comedia Musical. Pero había una realidad: yo no tenía una familia que pudiera solventar tal gasto. Por lo tanto, empecé directamente a formarme de forma particular en Canto. Mi historia con la universidad comienza así, yo muy decidido con algo pero tan poco conforme con los conservatorios locales. Entonces, terminé la secundaria y me dije a mi mismo: ¿qué estudio?

¡Qué dilema! Lleno de frustración empecé a investigar qué era lo que existía. Y yo era muy fanático de la literatura, y de escribir. Amo escribir. Me anoté en el CBC de Letras al terminar la secundaria. Transcurrí mi primer cuatrimestre de forma muy tranquila, estaba enamoradísimo de las materias que estaba haciendo, y promocioné las dos. Mientras tanto, hacía de forma particular Comedia Musical porque había arreglado con mis padres que yo estudiaba si a mí me ayudaban a mantener mis sueños. Hasta que terminé el primer cuatrimestre, el mundo del arte y de la universidad no se habían chocado, las dos cosas coexistían por separado. Sin embargo, en las vacaciones de invierno en la escuela de Comedia Musical, se hizo un evento en donde uno podía ir a cualquier clase que ofrecieran. Ahí conocí a una profe de canto que todavía era alumna de la actual Universidad Nacional de las Artes (UNA). Al verla, me convenció, junto a mis avances en el canto, de que me tenía que meter en la UNA para hacer en paralelo con Letras. No lo dudé.

Así comenzó mi segundo cuatrimestre en el CBC de Letras. Yo convencidísimo de que me iba a meter en la UNA y que iba a poder seguir en la UBA. Así, a mi semana atareada de arte y facultad, le sumé un pequeño proyecto para preparar el ingreso a la UNA con un profesor de Audioperceptiva. Iba todo bien pero poco a poco mis sueños iban consumiendo mi tiempo, y con ello mis ganas de seguir en Letras. Ir a cursar me costaba cada vez más y me cansaba ser invadido por todas las agrupaciones políticas por los pasillos y en el aula. Para empeorarlo, en ese segundo cuatrimestre hubo varias semanas de paro, y ya no me convencía la Facultad de Letras, porque algunos profesores me tenían que dar clases en la calle.

De este modo abandoné la carrera y me metí de lleno a preparar el tan bendito ingreso a la UNA para Canto. Mi sueño era ser, sí o sí, licenciado en Música. Estando tan decidido, me fui a anotar el primer día que se abrió la inscripción. Fui contento a mostrársela a mi profe de Audio, pero él me dio la peor noticia de todas: TODAVÍA NO ESTABA PREPARADO. Posiblemente el examen de Canto lo pasaba como si nada, pero nunca antes había hecho Audioperceptiva y mi maduración no había finalizado.

Me dije a mi mismo “lo pospongo un año”. Pero no era así. Con frustración, decidí no hacer nada de arte. Estaba decidido a trabajar y a no estudiar más. Me lloré la vida, LITERALMENTE. Disfruté el verano como pude. Hasta que un día llegaron mis papás y hermanas con mi tía. Todos habían pasado por la universidad, y me ofrecieron volver a estudiar. Más cerca de mi casa, en la UNLaM. Pero yo estaba negado. Me hicieron un montón de maniobras que me abrieron la cabeza. Me hicieron recordar que como Scout me gusta ayudar muchísimo a las personas; y que en la secundaria era además de bueno en el arte, bueno en las ciencias. Inspirado por mi tía, y siendo tarde para la inscripción en la UNLaM, me inscribí en las materias de Medicina en la UBA e hice el cambio de carrera. Como no era mi primer año en el CBC, tuve que elegir las materias que iba a hacer, como si fuera un recursante.

¿Qué digo hoy? No me arrepiento de nada. Obviamente voy a seguir preparándome para, de grande, entrar en la UNA sin usar el dinero de mis padres. Sigo haciendo Canto como hobby para, de a poco, ir avanzando. Sin embargo, no me arrepiento de haber terminado en Medicina. Cada día que paso en el CBC estoy muy conforme. Así llegué a lo que quiero estudiar, por tres cosas nada que ver una con la otra.

¿Qué es lo que aprendí con esto? Primero, a los estudiantes de la secundaria que quieran ser músicos: empiecen ya a estudiar Audioperceptiva para que en el conservatorio no les cuesten los solfeos, por lo menos un año y medio antes de terminar la secundaria. A los demás, no tengan miedo de equivocarse cuando elijan una carrera. Yo me equivoqué muchas veces para estar en donde estoy. Hay un montón de razones para elegir una carrera y a pesar de que existen, uno se niega a anotarse y a probar hacerla. Cuando nos negamos, hay otro mundo de razones que nos impide ver que posiblemente lo que queremos hacer es lo correcto y por eso negarse está muy equivocado. Nunca hay que conformarse con nada, siempre uno tiene que pedir más y dar más. Si la carrera te gusta pero no el ambiente, estás en el lugar equivocado y si te das cuenta rápido, estas a tiempo de cambiar. Aunque cueste, hay que estudiar, estén nuestros padres atrás o no. Es la mejor herramienta que tenemos para el mundo laboral del siglo XXI. Por último, no tener miedo a equivocarse. Los miedos afuera.

Y con esto me despido, nunca le fallen a sus sueños. Y si les falta para cumplirlo, den pequeños pasitos; con paciencia y con saliva, el elefante se… a la hormiga. Ah no, acá me pasé. Quise decir, que con paciencia todo llega, solo hay que mirarlo desde otro lado y ponerle mucho esfuerzo.

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Autor: Matías Uhrig

Estudiante de Medicina en la UBA. Me la creo, aunque esté todavía en el CBC. Pasé por el CBC de Letras y me cansó la politica en FILO. También canto. Tuve un intento fallido de anotarme en la UNA. Como Scout, me gusta aprender lo que sea.


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