#SerUniversitario

Experiencias universitarias contadas por universitarios.

Educar desde la motivación

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Cuando era chico me gustaba desarmar linternas. Sí, linternas. Las desarmaba y me gustaba aprender cómo funcionaban. Que se prenda una luz al apretar un botón me parecía algo mágico y me generaba mucha curiosidad. Lo más común era que las linternas desarmadas queden en ese estado, sin funcionar. Entonces lo que hacía era construir mis propias linternas con los pedazos de linternas que yo mismo había desarmado. Y si me faltaba algún elemento como lamparitas o cables, le preguntaba a mi mamá si en casa había (las madres son un Google de todo lo que hay en una casa) y si no, lo compraba. Así era como terminaba con dos linternas funcionales hechas por mí y un cementerio de partes de unas cuatro linternas que habían sido sacrificadas en pos de mi curiosidad y felicidad.

Mi idea era contar, en este párrafo, un poco sobre la historia de la universidad y su estructura “industrial” y la necesidad de una revolución educativa. Pero prefiero dejárselo a Sir Ken Robinson, un experto en el tema, y los invito y super (mega archi punto multicolor) recomiendo ver la siguiente charla TED, titulada “Bring on the learning revolution!“:

Cuando crecés no tenés tiempo para desarmar linternas, porque estás constantemente ocupado estudiando para un examen, haciendo un TP, leyendo la bibliografía que un profesor te dijo que leyeras, a veces sin decirte ni por qué deberías leer esa y no otra, ni por qué deberías hacer ese TP, ni por qué tenés que rendir determinados exámenes, con determinadas preguntas de determinados temas y no otros. Está todo estructurado, en la mayoría de los casos, para que el estudiante acate, sin siquiera tener tiempo de preguntar “¿por qué?”.

El problema es que cada persona es diferente. Cada individuo aprende de forma distinta, con sus tiempos y espacios y sus métodos más y menos efectivos. En el 2013 cursé una materia llamada “Historia económica y social argentina” en la FCE, UBA, con un profesor, perdón, con un genio llamado Pablo Volkind. Sus clases eran placenteras, te enseñaba historia de una forma sencilla, con mucha pasión y entusiasmo. Pero lo más importante de todo es que te generaba curiosidad por saber qué es lo que venía después. Te motivaba a seguir aprendiendo la complicada historia argentina. Los apuntes eran textos, si mal no recuerdo, elegidos por la cátedra y el autor principal era el jefe de ésta. La verdad es que de todos los textos, que eran una cantidad abultada, habré leído el 20% como mucho. Resulta que encontré documentales y videos que explicaban todo lo visto en clase (y más). Mientras los miraba, no sólo los disfrutaba sino que recordaba lo que el profesor había dicho y eso me ayudaba a comprender y aprender mejor. Increíblemente un día, el profesor trajo un video para ver en clase y resulta que yo ¡ya lo había visto por mi cuenta! Eso me ayudó a disminuir la “culpa” que (un poco) sentía por tomar un camino alternativo a la bibliografía original.

Al final, terminé promocionando la materia con buenas notas, pero lo más importante es que aprendí muchísimo, gracias al buen profesor y a que no me limité y encontré una mejor manera de estudiar (en realidad, de aprender) esa materia. Hace unos años en un curso llamado “Desarrollo emprendedor” me enseñaron que: una venta se produce cuando el cliente vuelve, es decir, cuando un cliente que ya te compró, te vuelve a elegir. Para mí, esa es una característica que tiene que tener un buen profesor/educador. Generar la chispa que prenda tu interés. Que te muestre el propósito de estar ahí sentado escuchando y tomando apuntes, y que no sea simplemente para tachar la materia y recibirte. Si eso se hace bien, vas a volver a comprar, aunque ya hayas aprobado la materia. ¿Y si se hace mal? ¿Y si me tocaba un profesor “De la Rúa“? ¿O uno de esos que no paran de hablar de su vida privada y te enseñan poco y nada? Seguramente hoy no me interesaría la historia, no leería cosas al respecto, ni vería programas que engancho haciendo zapping. Sería una lástima.

¿Y esto fue porque en realidad a mi siempre me gustó historia? NO. De hecho, un año antes había cursado “Historia económica y social general”, con una dupla de profesores: uno de los cuales era el típico vago que hacía chistes y no te enseñaba nada y aprobabas fácilmente, y el otro era el típico profesor estricto que mediante el miedo y la exigencia pretendía que aprendas más. Así fue como terminé estudiando de memoria cosas que ahora ni me acuerdo, sin saber ni para qué me servía aprender historia y hasta sintiendo un rechazo por la materia, ya que me aburría.

Como pasó con la fabricación de automóviles con el Toyotismo, que al mejorar los procesos productivos se generó la necesidad de customizar los autos según lo que los clientes demandaran (por ejemplo, ya no querían tener un auto negro igual que el de todos, ahora lo querían en otro color), va a suceder en el ámbito educativo. Nos acercamos hacia una educación más customizada y menos estandarizada. Veo a la universidad del futuro como a un paraíso del conocimiento, en donde los profesores (y los alumnos) te transmiten y contagian sus pasiones, te preguntan “¿qué te gustaría aprender hoy?”, “¿qué te motiva?”, y te guían usando sus experiencias y conocimientos. Veo una universidad en donde es divertido aprender, en donde se acabaron las horas de estudiar textos de memoria para rendir exámenes que no tienen sentido, porque en unos meses te olvidarás todo lo que leíste y no aprendiste porque no te motivaba. Veo una universidad con otra forma de evaluar. ¿Son necesarios los exámenes? ¿Existe una mejor manera de evaluar? De hecho, ¿es necesario evaluar? ¿Qué tal si en vez de dar exámenes, los alumnos crean proyectos referidos al tema que están estudiando? Son preguntas que solamente el futuro sabrá responder.

Desarmemos las universidades y construyamos una nueva. Eduquemos desde la motivación. Desarmemos más linternas.

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Autor: Nicolás Scherzer

Fundador de #SerUniversitario y tecno-amante. Le atajé un mano a mano al cáncer. Rebotando entre Sistemas de Información y Diseño Gráfico en la UBA. ¡Hincha del Rojo! También tengo Twitter: @nscherzer


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