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El guardapolvo: mi guardasueños

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¿Saben qué? Cada vez que me pongo el guardapolvo quisiera poder decir que todos mis problemas desaparecen. De hecho, me gustaría muchísimo que así fuera, poder asegurarles que mi mente se despeja y que vestir el blanco hace que sienta que tengo puesta una capa de invisibilidad ante las complicaciones de mi vida. Pero de ser así, estaría mintiendo.

Porque elegí estudiar una carrera compleja en una de las mejores universidades del país y de Latinoamérica, lo que claramente no hace sencillo este camino. Y de hecho, hace tres años cuando empecé a transitarlo, mis días se tornaron un poco más tortuosos, si eso era posible: el llanto, las frustraciones, los desafíos, los miedos, las inseguridades, las noches sin dormir, el sentirme sola tantas veces, el querer salir corriendo con mamá, dejar de hacer actividades que antes me llenaban (porque ahora simplemente no encuentro el tiempo), excusarme cada vez que no puedo cumplir con algo más, faltarle a la familia, tener dificultades para llevar una relación…

Estudiar medicina no es fácil. Y hablo de mi carrera, porque al fin y al cabo es la única que vivo, pero se que no soy la única que se ha sentido de esta manera. Y así de inestable es este proyecto, que a su vez hay que llevarlo a cabo recordando que también somos seres humanos, que no podemos aislarnos de las contrariedades de la vida, y que tenemos que sobrellevar todo esto, además, con los problemas personales que vayan surgiendo. Esos que también nos dejan en la lona, cuando se apagan las luces y perdemos el norte. De repente, mordemos el polvo y las cosas se nos van de las manos, porque no podemos controlar todo a nuestro alrededor. Se altera el equilibrio de nuestras vidas por razones que van más allá de nuestra comprensión, y ahí estamos de nuevo, intentando no desmoronarnos y a la vez alcanzar nuestro sueño de ser médicos.

Parece casi imposible salir del pozo, cuando los días pasan, te quedás atrás y apenas tenés ganas de salir de la cama. El tiempo corre, pero te perdiste un día de cursada, una fecha de parcial, desaprobaste un final, te atrasaste en la lectura, por el simple hecho de que las cosas a veces te sobrepasan, las lágrimas pesan más y también el cansancio. Así que se vuelve un circulo vicioso donde cada momento que se te fue para ponerte al día te dejó cada vez más atrás, al punto que se te hace imposible remontar. Y ahí está de nuevo, otra vez la frustración, la angustia, la decepción.

Sí, los problemas no desaparecen cuando te ponés el guardapolvo. Y capaz los que me conocen entonces se preguntarán ¿por qué era tanta mi afición cuando recién estaba en el ingreso y repetía que todo ese esfuerzo era “por el guardapolvo”? Porque verán, el guardapolvo simboliza lo alcanzado, las metas superadas, las lágrimas que se secaron. Porque más allá de cada espina que pisamos, lo importante es que seguimos en pie, caminando. Siempre vamos a tener a alguien al lado que tire más fuerte que el abismo que intenta atraparnos, para sacarnos a la superficie, alguien que nos seque la humedad de las mejillas, y además, que nos deje grabados unos cuantos abrazos de apoyo incondicional en ese guardapolvo.

El guardapolvo, a mí me recuerda que fui capaz de superar obstáculos que antes me parecían insalvables. Y que si pude con eso, confío en que voy a poder con mucho más.

Clases Particulares: - Antropología - Semiología - Sociología - Psicología - Filosofía - HSEG - ICSE - IPC

Autor: Geraldine Kraus

Médica en proceso en la UNLP y escritora aficionada. Lectora obsesiva. Amante de la política, los deportes y los idiomas. Cronopia ante todo.


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