#SerUniversitario

Experiencias universitarias contadas por universitarios.

El momento en que perdí todas las certezas

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Cuando cursaba el último año del colegio sabía dos cosas: que quería ser escritora y que no había ninguna carrera que me iba a otorgar ese título. Así que con mis inocentes diecisiete años anuncié en mi casa que me quería ir durante un año de viaje. Cuando volviera vería qué hacía con mi vida. Mientras tanto me dedicaría a saltar de país en país y a narrar mis aventuras. Estaba segura de que en ese año se me presentaría una oportunidad que me salvaría y no tendría que volver a mi casa a estudiar.

Pero por supuesto, nada de eso sucedió. Mis papás me dijeron que estudiara y que después ya tendría tiempo para viajar, que sin título no iba a conseguir ningún trabajo, que podía estudiar cualquier cosa y seguir escribiendo en mi tiempo libre.

Les hice caso. No sé si fue la decisión correcta pero fue la que tomé. Me anoté en Historia en la UNLU. En la UNLU porque me quedaba cerca e Historia porque mi papá me dijo “y a vos que te gusta leer ¿por qué no estudias historia?”.

Medio cuatrimestre me alcanzó para darme cuenta de que mi pasión por la lectura no era suficiente como para una carrera tan grande como Historia. Fue un proceso gradual. Empecé por irme de las clases antes de que terminaran y después directamente empecé a faltar hasta que un día se lo dije a mis papás y no fui más.

En ese momento fue cuando perdí todas mis certezas. Yo creía que eligiera la carrera que eligiera la terminaría, que era como la escuela. Ibas, estudiabas, te reías con tus amigos, pasabas de año y cuando te dabas cuenta ya te estabas graduando. Me creía capaz de hacer cualquier carrera y al mismo tiempo seguir escribiendo. Pero me di cuenta demasiado rápido de que no es así, las cosas son un poco más complicadas.

Otra vez volví con mi plan de irme de viaje por el mundo y otra vez me convencieron de lo contrario. Me anoté de nuevo en la UNLU, esta vez en Trabajo Social. Aguanté un año y medio diciendo en voz alta que me gustaba esa carrera.

Otra vez dejé, otra vez lo mismo. Solo que esta vez lloré. Ya no sabía lo que quería hacer. Quería irme pero me daba miedo. ¿Qué pasaba si irme no funcionaba? ¿Qué pasaba si todo salía mal? ¿Si nadie me salvaba? O peor aún ¿qué pasaba si no servía como escritora?

Recién ahora después de tres años de haber terminado el colegio, estoy haciendo lo que me gusta. Estoy en primer año de una tecnicatura en Redacción, que probablemente no me vaya a asegurar un trabajo pero no me importa. Por primera vez estoy estudiando algo que me gusta y estoy rodeada de gente que le gusta lo mismo.

Cuando terminé el colegio pensé que las cosas iban a ser más fáciles o al menos algo iba a resultar como lo había planeado. Ahora ya sé que no es así. Sé que nadie me va a dar un título de escritora ni nadie me va a salvar. Yo sola voy a tener que abrirme el camino, con mis errores y mis palabras. Sigo sabiendo que quiero ser escritora, solo que ahora sé que no hay una única manera, ni una manera correcta, simplemente la manera como yo decida hacerlo y esa es la única certeza que necesito.

Clases Particulares: - Antropología - Semiología - Sociología - Psicología - Filosofía - HSEG - ICSE - IPC

Autor: María Catalina Jimenez

Estudiante de Redacción en el Instituto Superior de Letras Eduardo Maella. Soy la menor de una familia numerosa y una casa grande. Escribo en todos lados.


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