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“No colgarás finales”

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Ya lo dijo hace tiempo el Gaucho Martín Fierro: “No colgarás finales, porque esa es la ley primera”. Y, el tan sabio Fierro, tiene razón. ¿Cómo? ¿No era así el dicho?

No existe nada peor que el flagelo de “colgar” finales. O si. Lo único peor que colgar finales, es colgarlos de forma crónica. Pero eso ya es otro capítulo.

Todos nosotros alguna vez dijimos en algún diciembre: “No, tengo muchos exámenes, mejor rindo este en febrero”. Y posteriormente, en la siguiente fecha de examen, nos planteamos: “¿Por qué fui tan estúpido-pelotudo-hijodeFunesMoriYSuMelli-ochomesino-infeliz de no rendir antes?”.

Entrando a mi historia y experiencia personal, eso mismo fue lo que me pasó en el julio pasado: había muchos finales en puerta y colgué uno (bastante intenso y pesado) para octubre. Llegó ese bendito mes y, obviamente, no hubo forma de prepararlo. El final de Patología I fue colgado cual smoking nuevamente. Y llegó la fecha de diciembre: a meterlo o meterlo porque sino el año que viene no puedo seguir. La presión era mucha.

Colgar finales tiene dos grandes problemas fundamentales:

1) En cuanto a los conceptos, es como arrancar otra vez de nuevo. Y si la materia es intensa, eso es una patada en el medio del escroto (o la vulva en el caso de las damiselas).

2) Si la acumulación de finales se hace crónica, se puede dar el temido “efecto dominó“: hay finales que te pueden cagar la vida si no los rendís porque “no rendís este, entonces no te dejan rendir el final de la correlativa y sin ese final no podes rendir las dos que cursaste este año para el año que viene seguir adelante con la carrera”.

La moraleja de todo esto es una sola: internate en diciembre e intentá rendir todo lo que puedas. Si alguna vez lo hiciste, recordarás lo relajado que te fuiste de vacaciones.

Enciérrate a estudiar para exámenes. Pierde un turno.

Foto cortesía de Matías Perli.

Para los interesados en mi historia particular, rendí el final que colgué, lo aprobé y festejé como si me hubiese ganado el gordo de Navidad. Patología I: nos vimos en Disney.

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Autor: Milena Rivero Segura

Estudiante de Medicina, UBA. Antes me estresaba insultando a Funes Mori en @Milelandia. Ahora, ya maduré. ¡Casi médica (en instantes)!


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