#SerUniversitario

Experiencias universitarias contadas por universitarios.

No soy sólo mi futura profesión

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(O: Por qué es importante tener una vida)

Les voy a hacer una confesión.

Es una confesión porque es algo que nunca antes he vocalizado, pero se trata de algo más bien pequeño. O de algo no tan pequeño, pero que a simple vista parece pequeño.

No me gusta cuando la gente pone en su perfil de Twitter, como primera (o peor, única) cosa la carrera que están estudiando. Lo puse en mi perfil de este sitio a regañadientes porque era una regla explícita, y porque he de admitir que en este foro es útil saber esas cosas. Pero no me gusta.

En Argentina (por lo menos en las clases media y alta) tenemos muy instalada la meritocracia, y, debido a nuestra educación libre y gratuita, se espera de casi cualquier joven que aunque sea empiece una carrera universitaria. Esto tiene su lado bueno, pero no me parece que sea algo positivo que hagamos tanto hincapié en el estudio. Muchos jóvenes hoy en día creen que una persona es su profesión, pero no es así. La profesión es a la persona lo que el tallo es a la flor. Pero, ¿es la flor sólo su tallo? ¿qué hacemos con el néctar, los pétalos, las hojas…?

Hace un tiempo, no me acuerdo exactamente cuándo, probablemente haya sido al inicio de mi carrera universitaria, estaba con mal de amores, y una amiga (que seguramente tenía las mejores intenciones en mente cuando me lo dijo) me aconsejó que no pensara en eso, que me dedicara de lleno a la facultad.

Pero yo estaba tan mal que lo que menos quería hacer era aprender sobre tiempos verbales, o cómo pronunciar la palabra “carnicero” en inglés. Sentía que tenía muchísimas emociones que estaban peleando entre sí por salir a la superficie, y sólo quería llorar, escribir páginas y páginas en mi diario, ver alguna película con la esperanza de que haya una escena, un trocito de diálogo, que me hiciera ver todo distinto.

Sé que la mayoría de nosotros querríamos volver el tiempo atrás y decirle a una versión más joven de nosotros mismos que se vuelvan más trabajadores, más disciplinados. Quizás yo lo querría hacer en otras situaciones. Pero en este caso particular, estoy muy contenta de que me di un espacio para sentir mis emociones. Especialmente porque muchos de nuestros temas emocionales no resueltos y los pequeños “traumas” que acarrea la vida terminan repercutiendo en nuestro desempeño académico cuando se manifiestan en inseguridades que provocan que nos bloqueemos y no podamos dedicarnos de cuerpo y alma a aprender.

Cuando rumiamos que deberíamos estar estudiando en lugar de concedernos un respiro siquiera, ¿nos estamos ayudando o perjudicando?

Les voy a recordar una lección que la mayoría de ustedes aprendieron en el secundario (y que yo aprendí más o menos ahora, porque mientras ustedes se estaban divirtiendo en el secundario, yo estaba pasando por una etapa muy traumática): La vida no sólo es estudiar. ¿Se acuerdan cuando se lo decían a los nerds como yo todo el tiempo? Al final resultó que tenían razón. La vida es mucho más que estudio. No sé dónde les quedó esa lección, pero puedo especular:

Están muy entusiasmados con sus carreras, y no les puedo explicar lo feliz que estoy por ustedes. Han descubierto la belleza de aprender que yo conocí en el secundario mientras me iba mal en todo lo demás. Al mismo tiempo, están abrumados. Todas las materias tienen un mínimo de dificultad. Dudan de poder lograr ese ansiado título por el cual perdieron noches de sueño. Por eso se entregan en cuerpo y alma al estudio, al aprendizaje.

Y tienen miedo. ¿Qué va a suceder una vez que tengan ese ansiado título en la mano? Conozco a más de una persona que me va a odiar simplemente por hacer esa pregunta, de hecho, cuando se la formulé a varios de mis amigos me pidieron, temerosos, que no volviera a preguntar eso. Es la verdad de la que nunca hablamos, el Voldemort de los universitarios. El secundario y el correspondiente pasaje a la universidad nos ofrecía expectativas para el futuro con pocas sorpresas que esperar. Nuestros años de educación formal son como un piso donde podemos apoyarnos mientras completamos el difícil acto de crecer. Pero una vez que eso se haya terminado, estaremos solos. Tendremos que buscar otra estructura que nos soporte, o aguantar la ira de nuestros padres (bueno, “ira”, estoy exagerando, soy dramática, perdón) al no poder encontrar nuestro propio par de pies con el cual avanzar en nuestras carreras (y por carrera entiéndase vida, según la jerga de la adultez), pagar derecho de piso y poder tener plata para comprarnos una casa (me voy a salir del tema, siempre lo hago, pero, ¿por qué tiene que ser una casa y por qué la tenemos que comprar? No sé, a mí me gusta poner absolutamente todo en duda). Entonces, invertimos mucho en esa nueva “identidad” (y digo “identidad” así, entre comillas, porque el tallo no es la flor. La carrera no es la identidad) como médico, abogado, administrador de empresas, docente, escribano, traductora o lo que sea, porque es nuestro nuevo soporte (al menos potencialmente). Dejamos que la perspectiva de este título nos consuma, nos hable más fuerte que la voz del miedo, del “¿qué voy a hacer cuando me reciba?”.

Y quizás por ver tanto los árboles nos perdemos el bosque. Muchos me van a tachar de loca (está bien, estoy acostumbrada), pero ¿has considerado que hay personas que no ejercen de lo que se recibieron, y eso no los hace un fracaso ni hace sus años en la universidad un desperdicio? ¿sería una pregunta que te harías seriamente si no anunciaras tu futuro título por Twitter con tanto orgullo? ¿Es una persona que deja la universidad para tener un bebé (o mantenerlo económicamente, o las dos cosas) menos exitosa que la que se queda? ¿Es la persona a la que le ofrecen el trabajo de sus sueños (o lo sale a buscar con espíritu emprendedor, y tiene éxito en su búsqueda) antes de tener el título en la mano menos exitosa sólo por no completar las formalidades de su profesión (por supuesto esto no puede pasar en ciertos campos, pero entienden la idea)? ¿Por qué torturamos tanto a las personas que cambian de carrera, por qué se supone que a los dieciocho tengamos que saber lo que queremos hacer con nuestras vidas, aunque es una noción ridícula por donde se la mire? ¿Por qué tratamos a las personas que no han encontrado su vocación todavía peor que a las que no han encontrado al amor de sus vidas, por qué no tener ninguna de las dos cosas es una tragedia? ¿Es éxito verdaderamente éxito si para lograrlo tuvimos que olvidarnos de lo que era mirar a los ojos a alguien y realmente conversar por no tener tiempo? ¿El éxito académico es excusa suficiente para tapar con ruidos un diálogo continuo que deberíamos tener siempre con nosotros mismos? ¿Es excusa para distraernos del también importante título de Buena Persona? ¿Aprender es aprender si para hacerlo tuvimos que desaprender otras cosas importantes? ¿No podemos vivir en la incertidumbre de qué vamos a hacer cuando ya no seamos estudiantes? ¿Por qué nuestra idea de éxito es ser un tallo, un simple y desnudo tallo, sin hojas, sin néctar y sin pétalos?

Aprender es algo hermoso. Pero también lo es relacionarte con otros seres humanos y tener quien te abrace cuando estás triste. También es hermoso llamar a tus abuelos (llamen a sus abuelos si los tienen, ya, de ser posible. Los espero). También es hermoso tener vida espiritual, dentro o fuera de una religión, y buscarle un sentido más amplio a la vida. También es hermoso encontrar esa canción, esa película, ese libro que no tiene nada que ver con lo que estudias, que cambia tu perspectiva de todo y te hace ver el mundo de una forma nueva, diferente. También es hermoso llevar una vida sana, hacer ejercicio, dormir las ocho horas que se supone que debemos dormir.

El estudiante que deja todo por el estudio comete el mismo error que la novia o el novio que pierde su identidad por estar en pareja, que el padre que se cree sólo padre, que la persona sin motivación y sueños que vive para vegetar. Quizás los resultados sean diferentes a los de las otras situaciones, quizás el supuesto éxito te espere a la vuelta de la esquina, pero, ¿hemos triunfado si volvemos del trabajo de nuestros sueños y no tenemos un amigo al que llamar, a alguien que nos espere cuando volvamos a casa, hemos triunfado si no tenemos una película que podamos ver cada vez que estamos tristes, hemos triunfado si se desarrolla un problema de salud grave por algo que hemos sacrificado en pos del estudio o el trabajo?

La vida no termina después del secundario, eso es un mito muy peligroso. Cambia, sí, la vida cambia, y nos tenemos que preparar para responsabilidades más grandes, pero eso no significa decirle adiós al placer para siempre. Significa racionarlo y aprender a encontrar el equilibrio.

Los dejo con un desafío. O una invitación. O una invitación que es un desafío. Si tienen Twitter, y si sus descripciones incluyen la carrera que estudian, cambien sus biografías hoy. Me parece muy interesante eso que hace la red social, eso de invitar a describirnos en pocas palabras. Muy pocas veces tenemos esa plataforma. Así que los invito a que saquen esas palabritas que se están obstruyendo con otras partes de su ser, y la reemplacen por algo más que los defina. Algo que sus amigos más cercanos vean y los haga pensar automáticamente en ustedes. Algo que los haga sonreír (o sentirse vulnerables) mientras lo escriben.

Tal vez se sorprendan. La idea es que aprendan algo nuevo de ustedes mismos, y le dediquen algo de atención a esa identidad que por ahí se pierde en los apuntes y en las horas de estudio.

¿Se animan a seguirme en este desafío?

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Autor: Virginia Castiglione

Arranqué mi vida universitaria con el Traductorado Público Nacional de Inglés en la Facultad de Lenguas de la Universidad Nacional de Córdoba, pero ahora sólo coqueteo con esa carrera: La cambié por la Licenciatura en Lengua y Literatura Inglesas. Si soy sincera, no sé exactamente qué quiero hacer con mi vida, excepto escribir. Soy fanática de la literatura anglosajona (pero no le hago ascos a la latinoamericana) y escribo cuentos, obras de teatro y poesía en inglés. Me considero una niña que no quiere compartir sus crayones atrapada en el cuerpo de una adulta y me encanta el arte experimental. Me puedes seguir en Twitter en @WithLoveVir


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