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Experiencias universitarias contadas por universitarios.

Rendir (o no) tu primer final

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Recién salía de la secundaria, me estaba adaptando a un lugar nuevo y con costumbres nuevas para poder especializarme en algo que me gusta mucho.

El primer consejo que te dicen, y que por obvias razones es deducible, es que tenés que estudiar mucho para rendir los terroríficos finales. Entonces ahí es cuando uno empieza a socavar información sobre qué temas se puede hablar en el final oral para caerle simpático al profesor y así aprobar, aaaaaunque claramente se debe estudiar mucho.

Mi primer final lo rendí en febrero del 2011, había estudiado durante todo enero para rendirlo. Fui tempranito, tratando de no colapsar en un ataque de nervios, hasta que me presenté en el aula y no había nadie. “Bueno, todavía es temprano” pensé. Me senté y esperé a que sea la hora para que empiece la mesa de examen. Me ponía nerviosa el hecho de tener que rendir y también ¡¡que todavía nadie había llegado!!

Justo sobre la hora, aparece la profesora, una viejita para nada simpática. Se sienta en el escritorio y me mira. De muy mala gana me pregunta si iba a rendir. Luego de mi respuesta afirmativa me dijo que en el acta de notas sólo figuraba yo como inscripta a la mesa de examen. “Qué mala suerte la mía” pensé mientras agarraba mis cosas para acercarme al escritorio para dar el examen oral.

Cuando nota que yo me acerco, la profesora me dice: “No, no. No te voy a tomar examen, sos vos sola”. Sorprendida, le pregunto por qué no me iba a tomar examen si yo estaba inscripta y era mi derecho rendir. Sin dar explicaciones la profesora me dice: “Presentate en el próximo llamado. ¿Tenés la libreta?”. Le contesto que no (recién ingresaba, por lo tanto no tenia libreta hasta pasado unos meses) y me pidió que me retire.

Había estudiado un mes entero, hasta había buscado de qué estaban hechas las sandalias de Aquiles para poder rendir el final y la profesora no me dejó.

Pero la historia no termina ahí. Cuando me fui a fijar (para el siguiente llamado) en mi analítico, había un hermoso patito dibujado al lado del nombre de la materia. Sí, me había calificado con un dos en un examen que yo jamás dí.

Debido a la terrible injusticia que me había impartido, fui a la oficina de alumnos para aclarar la situación. No sólo estaba cerrada, sino que la universidad también. La profesora que no me había tomado el examen y me había aplazado, había fallecido esa mañana.

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Autor: Vanina Heredia

Futura profesora de Historia formándose en la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Apasionada de los libros fantásticos, bailarina y dibujante frustrada. Soy un poco nerd. Tambien estoy en Twitter, @vaniweasley


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