#SerUniversitario

Experiencias universitarias contadas por universitarios.

Universidad cerrada

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Unas dos semanas atrás, festejaba que en una de las clases que curso, las profesoras decidían adherirse a un paro lo cual significaba que esa mañana me podía quedar a dormir hasta tarde.

Una semana atrás nos avisaron que toda esta semana no tendríamos clases de esta materia. Luego nos dijeron lo mismo las profesoras de la otra materia. Y luego una tercera. Finalmente, cursé solo dos materias de las ocho que curso actualmente.

Algunas porque los profesores se adhirieron al paro. Otras porque el servicio de maestranza de la facultad tomó la decisión de parar y por ende la facultad estaba cerrada. El personal docente, el no docente: algo está pasando.

De repente, en la universidad ya no se siente el aire de siempre. Ese aire de inspiración, de un fluir de la gente, de camaradería. De repente, tener un día libre no se siente bien. De repente, la universidad pública que tanto vanagloriamos en el mundo que tiene siempre sus brazos abiertos, hoy los tiene cruzados.

Y que quede claro que esto no es un asunto político-partidario. Escuché a mucha gente hablar de que “el paro es político”, como si la educación pudiera tomar partidos. Los que hayan ido a la facultad sabrán que los que trabajan en las instituciones, al igual que todas las personas, tienen ideologías diferentes, responden a diferentes intereses y por ende no son un bloque masivo que piensa uniformemente. El conflicto que sobrevuela este asunto excede lo partidario. No interesa el gobierno de turno ni a quién hayas votado, la educación pública es una cuestión de todo el estado, de toda la sociedad. Pero es fácil quejarse. Siempre estamos hablando de que las instituciones educativas ya no son tan buenas como antes, que los alumnos no salen preparados, que los mejores profesionales se forman afuera. Señalar a los profesores de vagos, que no tienen ganas de trabajar. Que los estudiantes no quieren sentarse a leer.

Algunos querrán decir que es algo de ahora pero nada más alejado de la realidad. Este paro es el fruto de la desidia constante de los gobiernos y de la sociedad hacia la educación. El reclamo tiene una cara económica –el presupuesto asignado para este año no se condice con la suba de precios generalizada- pero evidentemente subyace una cara de deber, el compromiso que tenemos como comunidad hacia el sistema fundamental de la sociedad moderna. Nunca hemos puesto en tela de juicio el rol social que tienen los educadores en nuestra cultura. En un análisis fugaz se puede observar el prestigio que le asignamos con los irrealmente bajos sueldos que cobran maestras de grado, algunas sin llegar al básico real. Pero en el discurso popular es fácil escuchar una respuesta programada cuando alguien dice que quiere ser educador: “¿Profesor? Te vas a cagar de hambre”, “Si vos sos tan inteligente, ¿por qué no estudias otra cosa?”.

Antes de escribir este texto había decidido leer en diarios sobre la cobertura del paro. Los diarios más leídos (Clarín, La Nación y Página 12) no habían hecho notas más que anunciando sobre la medida de fuerza. Ninguno había hecho un análisis integral de los sucesos por lo cual se reclamaban. Nadie explicaba sobre las paritarias sin resolver y los presupuestos para cubrir insumos. Y es que parece que a los que no afecta el problema, no les interesa. Como si el sistema educativo no le incumbiera a cada uno de nosotros.

Los alumnos nos quedamos sin clases. Tenemos un aprendizaje a medias. No es lo mismo escuchar al profesor, un sujeto con los recursos didácticos y pedagógicos para la transmisión de un conocimiento, que leer el libro para aprobar. No es igual adquirir saberes solos que en el aula, un lugar donde el conocimiento se construye socialmente. Tenemos que cursar en malas condiciones. No solo infraestructurales sino también intelectuales. Nos enfrentamos a un malestar generalizado. Así y todo es imposible culpar a los profesores que están llevando de estandarte la bandera de la educación como un derecho. Que sabemos luchan no solo por un interés propio –su sueldo- sino también por un interés común: una universidad idónea.

La UBA anunció que con el presupuesto asignado no podrá llegar a agosto. Algunas universidades están pensando en cerrar el turno noche, que alberga estudiantes que trabajan en la mayoría de los casos, para evitar que la factura de luz sea astronómica. El mantenimiento que requieren las instituciones así como los materiales de trabajo en facultades (como las de ciencias con instrumentación de laboratorio) se ve recortado frente al financiamiento actual. El viático de los trabajadores de las instituciones y los alumnos ha aumentado estrepitosamente. ¿Por qué tenemos que sufrir nosotros los estudiantes por querer adquirir conocimientos? ¿Por qué castigan al organismo que forma profesionales? ¿Por qué tenemos que ver cómo los políticos se llenan los bolsillos y la universidad tiene que tomar medidas de fuerza para reclamar un financiamiento que es obligación del estado otorgar?

No importa si creés que fue un sinceramiento o un ajuste. No importa de que lado de “la grieta” estás. No importa si sos de izquierda o de derecha. No importan las decisiones que los gobiernos tomen respecto a la economía. Como comunidad, como sociedad, como argentinos, no podemos quedarnos impunes frente a la degradación de la educación pública. No podemos perdernos en la pelea de si tu partido tiene la culpa o si el mío la tiene. No tenemos que dejar que se nos coarten los derechos. No debemos dejar que se ultraje la principal arma que tenemos en nuestra lucha para alcanzar la libertad: el saber.

No es un reclamo de la universidad. Es un reclamo de todos.

Clases Particulares: - Antropología - Semiología - Sociología - Psicología - Filosofía - HSEG - ICSE - IPC

Autor: Sebastián Mastruzzo

1997. No como carne porque me creo cool. Letras en la UNSAM/ Comunicación en la UBA. El internet es un lugar maravilloso para que los giles opinemos así que acá opino yo.


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