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Experiencias universitarias contadas por universitarios.

10 consejos para universitarios con ansiedad o depresión

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No es algo de lo que nos guste hablar en público, pero, así como algunos sufren de problemas de salud crónicos que les dificultan las cosas en el ámbito académico, otros (como yo) sufrimos de enfermedades mentales. Para que sepan un poco mejor desde dónde estoy hablando, voy a aclarar mis condiciones: sufro de una mezcla casi 50-50 de ansiedad social, ansiedad generalizada y a eso agregale algunos rasgos de TOC (soy una persona extrovertida que sufre de ansiedad social. Suena paradójico pero pasa. Y sí, es súper frustrante, necesito hablar con gente para energizarme pero también me da miedo la gente).

Yo veo la ansiedad y la depresión como un continuum, o dos caras de la misma moneda (bueno, nada que ver un continuum con las dos caras de una moneda, pero ustedes síganme el juego) – o sea, es muy fácil que pases de estar ansioso a estar deprimido. Por lo menos es fácil para mí. Me pasó ya en varias ocasiones en las que, por unos meses, intercambié mi ansiedad por el horrible dementor que es la depresión.

(Esto sería como algo aparte, pero si por casualidad sos el jefe del trabajo de mis sueños y estás leyendo esto, primero, gracias por tomarte el trabajo de googlearme, me siento halagada, y, segundo, no dejes que estos detalles de mi salud mental afecten mis chances de conseguir el trabajo. Soy responsable, puntual, trabajadora y cumplidora. Tengo testigos. Fin del aparte).

No estudio psicología ni soy ningún tipo de especialista, pero tengo un total de seis años de terapia hechos sin contar lo que hice antes de la adolescencia, y actualmente estoy medicada para tratar mis enfermedades mentales. Estoy en el limbo entre cuarto y quinto año de la Licenciatura en Lengua y Literatura Inglesas, así que puede decirse que me gané la etiqueta de “estudiante avanzada”, y he llegado aquí con todas las complicaciones que conlleva sufrir de ansiedad. Solo me animo a hablar para las enfermedades mentales con las que tengo experiencia, pero tal vez estos consejos se puedan aplicar a más que sólo ansiedad y depresión.

Sin más preámbulos, mis consejos.

#1 Andá a terapia

Si vas a sacar una sola cosa de este artículo, que sea esta: Andá a terapia. Andá a terapia. Andá a terapia.

Un psicólogo o psiquiatra NO va a “arreglarte”, no va a solucionar tu problema para siempre ni te va a convertir en una “persona normal”. te va a dar las herramientas para que puedas lidiar con tu enfermedad mental de forma independiente y puedas llevar la vida que vos quieres llevar a pesar de los obstáculos que tu propia cabecita te ponga al frente.

Por lo general, las universidades tienen programas de psicología y psicopedagogía abiertos para cualquier estudiante que los necesite, y ellos van a saber a quién derivarte, así que es un buen lugar para empezar. Pero por favor, no dejes de pedir ayuda. Ir a terapia no te hace más débil o más dependiente, todo lo contrario.

No voy a tocar mucho el tema de la medicación y los psicofármacos porque es controversial y hay gente que dice que no está bueno depender de antidepresivos para funcionar en la vida, pero *coff* *coff* *coff* no veo a esa misma gente cuestionando la “dependencia” a drogas como anticonceptivos o levotiroxinas, pese a que tienen la misma cantidad de efectos adversos que un antidepresivo *coff* *coff* *coff* ay chicos disculpen estos ataques de tos que tengo, son terribles.

#2 Identificá cuándo estás hablando vos y cuándo está hablando la ansiedad/depresión

Todos nosotros tenemos un diálogo interior que solo nosotros podemos escuchar, y que nunca termina… quizás cuando dormimos, y ahí se toma un LSD metafórico y empieza a desvariar en los sueños.

Si sufres de una enfermedad mental, parte de este diálogo interno va a ser tuyo, y parte va a estar manufacturado por tu depresión y ansiedad. Si piensas cosas como “si no estudio esta unidad para el viernes todo va a ser un desastre”, vale la pena ponerlas bajo el microscopio y ver si verdaderamente las estás diciendo vos o si las está diciendo tu ansiedad. Un pensamiento como “no sirves para nada, nunca te vas a recibir”, puede ser más producto de la depresión que tuyo. Incluso si estas oraciones siguen siendo parte de tu cabeza y siguen teniendo un efecto enorme sobre tu vida, identificar su origen es un gran paso hacia adelante.

También está bueno si al principio evitas palabras muy dramáticas en tu diálogo interior, especialmente si tienen un tinte negativo. En vez de “desastre” o “catástrofe”, sé más preciso. Decí que es necesario que hagas lo que tienes que hacer porque si no vas a tener menos horas de estudio disponibles, o que no vas a poder ir al examen más seguro si no haces eso, etc. En este campo, la precisión es algo bueno. También es una forma de autoanalizarse y ver qué cosas te hacen sentir de qué manera y por qué.

#3 Relax. Take it Easy.

Si es tu primera vez dejando un final para después, no te sientas mal. Quizás sea necesario para tu estado mental tener más espacios con el estudio. Si te quedaste libre y tienes que recursar, no es una catástrofe. Te lo prometo, yo recursé, y es probable que recurse otra vez antes de recibirme, y lo mejor es no hacerse un dramón con estas cosas.

No vas a ser un vago tirado en la calle con los dedos del pie al aire por recibirte a los 25 en vez de a los 24. No es necesario que estudies diez horas todos los días y si un día te enfermas y no puedes ir a clase, no te estreses. Si necesitas tomarte una semana de descanso porque la depresión no te está dando cuartel, hacelo. Si necesitas hacer la carrera de a poco está perfecto. Hacé las cosas de una forma en la que las puedas manejar.

#4 Reconciliate con la idea de fallar

Este punto me costó hasta a mí escribirlo, pero sí, estás en la universidad. Las cosas ya no son tan fáciles, y no le estás haciendo un favor a nadie tirándote abajo cada vez que no te sacas la nota que esperabas, u obsesionándote con tener un cierto promedio (yo estuve ahí y no es divertido), o pensando que sos la peor escoria del mundo y no te vas a recibir nunca si te aplazaron en un parcial, o si tienes que repetir un año.

Poné las cosas en perspectiva. Ninguna cosa fea que te pase en la facultad va a definir cómo va a ser el resto de tu vida. Te lo prometo. Si pasaron dos años desde que fallaste olímpicamente en la facu y tu vida es un horror, un agujero negro gracias a eso puntual que te pasó, buscame y pegame un buen grito y reclamame una birra u otra bebida a tu elección.

Lo dejo aquí porque este punto da para un post entero. Pero si no me falla la memoria, J.K. Rowling dijo unas palabras muy acertadas sobre fallar.

#5 Si no te animas a rendir, buscá ayuda

Este punto parece medio contradictorio con el #3, pero, si vas a la universidad y quieres avanzar, aunque sea de a poco, eventualmente vas a tener que rendir un final. Es parte de la vida universitaria. Y si descubres que en tu cabeza sacaste los finales totalmente fuera de proporción y no te presentas una, dos, tres veces, pierdes regularidades, etcétera, es hora de que pidas ayuda, preferentemente la de un psicólogo o psiquiatra.

No hay por qué demonizar a los finales. Sí, requieren un montón de trabajo y compromiso y te quieres sacar una buena nota para demostrarte a vos mismo que elegiste bien, que esto es lo tuyo, que algún día vas a ser un gran profesional. No está mal querer estas cosas, pero por ahí estos deseos nos consumen y nos hacen obsesionarnos con que nos tiene que ir lo mejor posible, y el examen final pasa a ser, en vez de un inocente pedazo de papel o un imperfecto tribunal con tres seres humanos cuyos objetivos son únicamente probar formalmente que aprendiste algo nuevo, una especie de demonio como ese que se escondía debajo de nuestras camas cuando éramos niños, y te quita el sueño, y le tira leña al fuego a lo que te esté pasando por la cabeza.

La cuestión es que hay que perderle la fobia a los finales, e irse reconciliando con la idea de que nos vamos a tener que presentar y no es el fin del mundo si nos va mal o no obtenemos la nota que queríamos.

#6 La ansiedad o depresión casi seguro está influenciando qué, cómo y con qué velocidad aprendes. Identificá esta influencia y observala.

Tenía diecisiete años y me estaba preparando para el cursillo de ingreso en mi área más débil, la lengua castellana (imagínense que no sabía ni qué era un adverbio, y ahora es una palabra que uso casi todos los días). Estaba tratando de analizar sintácticamente una oración muy complicada y no podía. Mi profesora particular se acercó y me dijo “Virginia, ¿sabes cuál es tu problema? Vos te apuras mucho. No hay ningún apuro. Nos quedan como cuarenta minutos de clase. Respirá hondo y hacé todo a su tiempo. Una cosa a la vez”.

Hice justamente eso, y de repente estaba en frente de una oración bastante complicada de analizar, completamente hecha. Por mí.

Nos pasa a los ansiosos que queremos todo ya, que queremos saber todo ya, que queremos entender y aprender todo ya, que ya queremos estar rindiendo el parcial o entregando el trabajo o lo que sea. Y te cuento un secreto, ser ansioso en la facultad tiene sus ventajas. ¡Quién quisiera un pájaro carpintero que te esté constantemente recordando todo lo que tienes que hacer para que no te olvides de nada y entregues todo en tiempo y forma! Sin embargo, hay que cuidar que el pájaro carpintero no se salga de control, porque aprender lleva tiempo, y hay que darnos nuestros tiempos y no querer estar saltando al siguiente punto, al siguiente tema, a la siguiente unidad.

La depresión es otra bestia totalmente diferente a la ansiedad, porque si estás en un pozo depresivo muy hondo no vas a querer ni estudiar. Sin embargo, también creo que ser depresivo y universitario tiene sus virtudes. Hay algo de estar depresivo – no sé qué es, no sé si es que estás más conectado al clima emocional que te rodea – que te hace ser un poco más compasivo o empático de lo usual. Hay formas de aprender con emociones. Quizás te sirva ponerte en el lugar de Darwin, de Freud, de Favaloro, entenderlos como hombres además de simples mentes. Quizás tiempo gastado en leer sus biografías sea tiempo invertido. Quizás si logras conectarte con ellos logres conectarte con sus ideas.

Todo parece apuntar a que no tenemos que seguir estigmatizando a la gente con enfermedades mentales, porque nosotros también tenemos cosas nuevas para traer a este gran diálogo que es el conocimiento.

#7 Es hora de tener una visión más estratégica de tu tiempo libre

El alcohol es un depresivo. Las drogas recreacionales pueden tener efectos adversos en gente con enfermedades mentales, particularmente si interactúan con psicofármacos, y te puedes mandar un viaje bastante horrible. Los boliches, con toda esa música fuerte y tanta gente, pueden llegar a producir ataques de pánico. No lo digo para juzgarte, yo voy al boliche y comparto algún trago socialmente, pero conocete, conocé tus enfermedades mentales y las limitaciones que conllevan, y después decidí si realmente quieres ese vodka tonic, eso que te está ofreciendo un tipo X en el boliche, o ir a esa fiesta a la que todos tus amigos te insisten que vayas.

El arte libera. La música te acompaña. Pero si estás depresivo quizás deberías sacar Radiohead de tu lista de Spotify.

Los amigos pueden ser una de las grandes bendiciones de la vida, pero algunos “amigos” (especialmente los que te tiran abajo, te juzgan o los que sientes que no te escuchan) son mejores perdidos que encontrados.

#8 Te presento a tu nuevo mejor amigo: el diario íntimo

Al objeto “diario íntimo” se lo suele ubicar en la habitación de una niña entre diez y trece años, donde documenta esa etapa tan difícil que es el cruce entre la infancia y la adolescencia. Todavía recuerdo tener esa edad, tener un diario, que mi mejor amiga de ese tiempo insista tanto en leerlo que al final termine entregándoselo, y que me lo devuelva con cara de decepción.

“No se supone que escribas sobre cosas filosóficas”, recuerdo que me dijo.

“¿Y entonces de qué tengo que escribir?”.

“De la persona que te gusta”.

A lo largo de mi vida, casi siempre he tenido un diario. Antes de 2013, cuando decidí dedicarme seriamente a la escritura, era el único espacio donde me permitía hacer eso que tanto me llena que es escribir. Soy la clase de persona que empieza a ver más claras las cosas una vez que escribe sobre ellas. E incluso si no sos ese tipo de persona, si sufres de ansiedad o depresión, indefectiblemente vas a pasar unas cuantas noches en vela porque hay algo circulando en tu mente y te lo tienes que sacar de encima. El papel estará ahí. El papel no juzga. O quieres hablar con alguien y nadie te presta el oído, o sientes que saturaste a tus amigos. El papel siempre está ahí. El papel no se siente saturado. El papel no juzga.

#9 Salí de tu mente cada tanto (sí, incluso en época de finales)

Nunca dejo de leer por placer. Ni siquiera en finales. Mis amigas me vieron con incredulidad una vez que me encontraron a punto de entrar a un parcial, con Cien años de soledad en la mano. Leer me relaja. Leer es mi escapismo.

Nunca dejo de ver mis series y películas de comfort, ni siquiera en época de finales. Me ayudan a escaparme un poco de todo lo que me está pasando.

Pero leer y consumir contenido audiovisual tienen un defecto: siguen siendo actividad mental. Lo ideal es que durante épocas de parciales, especialmente si sufres de enfermedades mentales como ansiedad o depresión, hagas cosas que no involucren esfuerzo mental, como lavar los platos, cuidar de tu mascota, ese tipo de cosas. A mí me gusta maquillarme y pintarme las uñas porque me gusta ver color cuando me veo en el espejo. Para hacer estas cosas tengo que estar mirando mi cara o mis manos por un tiempo prolongado, y eso es, justamente, salir de mi cabeza (y si me va mal en el examen, por lo menos estoy linda. Por lo menos me miro las manos y veo un color que me hace feliz). Pintar también sirve (hay libros para pintar para adultos que están muy buenos). Tocar un instrumento musical o cantar también sirve. Ir a un grupo de teatro también sirve. Tejer, hacer malabares, coser. Dar vueltas por la ciudad sirve. Cocinar sirve (a mí me gusta preparar la cena porque me ayuda a dormir, aunque no lo hago tanto como debería).

#10 Priorizá hacer actividad física

Me voy a poner mi sombrero de hipócrita (soy más sedentaria que Snorlax) y te voy a decir algo que el médico seguramente ya se cansó de decirte: por favor, hacé actividad física. Aunque sea una caminata por el parque. Aunque sea poné una alarma en el celular que suene a la media hora y bailá descontroladamente hasta que suene.

La primera vez que corrí y fui a dormir, me desperté y lo primero que pensé fue “nunca antes había dormido, no sabía lo que era dormir”. Correr me hizo dormir bien profundo y tener un descanso reparador, cosa que nos sirve a todos los universitarios, no solo a los que sufrimos de enfermedades mentales. Un ejemplo más reciente es el de Pokémon Go. Me encanta ese juego. Cuando lo estoy jugando en serio llego a hacer cuatro kilómetros de caminatas diarios. Incluso subo las escaleras de mi edificio (¡y son siete pisos los que tengo que subir!) para aumentar más kilómetros a mis huevitos así nazcan antes. Y, contrariamente a lo que se espera, jugar ese juego no me afectó en mis estudios. Al contrario, cuando lo estoy jugando intensa y agresivamente, la calidad y cantidad de mi estudio aumentó, no disminuyó. Estaba durmiendo bien, y por ahí agarraba los apuntes justo después de una vigorosa caminata, todavía con las hormonas de la felicidad en el cuerpo de haber capturado un Vulpix, y me concentraba mejor, entendía más rápido los conceptos. Uno prioriza el cursado, el trabajo, tantas otras cosas, cuando en realidad la mejor versión de vos, tanto como persona como estudiante, es la versión de vos que hace actividad física.

Los beneficios de moverse para la ansiedad son obvios. Descargás toda esa energía, toda esa angustia que vive en vos. Creo que hacer ejercicio es la primera recomendación que le hacen a los ansiosos. Y a los depresivos siempre les hace bien salir de la casa, ver algo de verde, o ver gente en el gimnasio, además de que el ejercicio tiene una acción química en el cerebro que genera un estado de felicidad, aunque sea fugaz. Supongo que mis amigos médicos sabrán explicarlo mejor.

Quiero terminar este post con una frase que tengo pegada en mi habitación, donde la puedo ver siempre: “You can do it” – puedes hacerlo. Puedes hacer todo lo que te propongas, seas ansioso, depresivo o lo que sea. Nunca dejes de pedir ayuda y acordate de que no estás solo. Uno nunca está solo.

¡TRANQUI! Te ayudamos a preparar tus finales

Autor: Virginia Castiglione

Arranqué mi vida universitaria con el Traductorado Público Nacional de Inglés en la Facultad de Lenguas de la Universidad Nacional de Córdoba, pero ahora sólo coqueteo con esa carrera: La cambié por la Licenciatura en Lengua y Literatura Inglesas. Si soy sincera, no sé exactamente qué quiero hacer con mi vida, excepto escribir. Soy fanática de la literatura anglosajona (pero no le hago ascos a la latinoamericana) y escribo cuentos, obras de teatro y poesía en inglés. Me considero una niña que no quiere compartir sus crayones atrapada en el cuerpo de una adulta y me encanta el arte experimental. Me puedes seguir en Twitter en @WithLoveVir


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