#SerUniversitario

Experiencias universitarias contadas por universitarios.

¡Acabemos con la obsesión de recibirse!

| 59 Comentarios

Me gusta pensar que los seres humanos somos libres cuando nacemos. Nuestros cuerpos rebasan una energía que es única a cada uno de nosotros, pero que puede compenetrarse con la energía de los demás para volverse algo hermoso. En nuestras mentes se encuentra el potencial de pensar y crear ideas asombrosas que harán del mundo algo totalmente diferente de lo que era, y en nuestro corazón se encuentra un fuego, una pasión, capaz de moverte (a vos y a los demás) a hacer cosas que nunca pensaste que podrían existir. Todo está dentro de vos.

Pero, como sociedad, tenemos una especie de enfermedad que va apuñalando, uno por uno, el espíritu original de cada hombre. Esta enfermedad se llama “adultez”. Y no entiendo la adultez como crecimiento personal. No entiendo la adultez como responsabilidad, ni altruismo, ni madurez, ni hacerse cargo de nuestros errores.

Para mí, la “adultez” de la que estoy hablando, la que de a poco enferma nuestras almas, está relacionada con la rutina y las estructuras excesivas. Está relacionada con los modos correctos y equivocados de hacer las cosas. Está relacionada con una caja, una caja que hace años se va construyendo en sociedad, una caja en la que el poco espacio que hay para respirar es todo lo (poco) que se nos permite hacer. En esta caja, cuyo techo llega casi al infinito, las paredes representan todas aquellas cosas que no se nos permiten hacer. Dentro de la caja, todo es negro. No hay espacio para crear, solo para obedecer. Una vez que estamos bien adentro, es casi imposible salir de esta caja.

Y la única forma de hacerlo, de salir, es crear. Pensar. Ser nosotros mismos.

Como estudiante del traductorado y la licenciatura de inglés, estoy particularmente interesada en las culturas de otras partes del planeta. Este interés me ha llevado a descontextualizar cosas que son comunes en la caja argentina. El deseo (y casi obsesión, porque no es un mero deseo, es una emoción excesiva) de recibirse es uno de ellos.

Nuestra caja nos ha entrenado para que le demos un valor particular a ese pedazo de papel que nos licencia para realizar tal o cual actividad.

Y sí, no voy a decir que recibirse es feo. Tan loca no estoy. Pero no debería ser nuestro objetivo particular en la vida. Ni siquiera debería ser un objetivo grande. Recibirse debería ser algo lindo que te pasa, fruto de tu trabajo, pero nada más. La palabra “recibirse” no debería ser tu motor de todas las mañanas ni lo que hace latir bien fuerte tu corazón. Tu alma no debería bailar al ritmo de una canción que habla de recibirse.

¿Pero… por qué? Eso es lo que te estarás preguntando en este momento. Seguramente estoy rompiendo todos tus esquemas relacionados a ser universitario.

La respuesta en simple: En lo que se refiere a la caja, la universidad en sí no es algo malo. La universidad, desde la perspectiva correcta, es todo lo contrario a la caja. La universidad es aquella institución que te va a dar alas invencibles que te harán volar para arriba, al infinito, hacia la tan misteriosa entrada de la caja. Pero, ¿la obsesión por recibirse?

Eso te está hundiendo cada vez más dentro de ella.

¿Por qué? Porque si tu objetivo principal es recibirte, no vas a ver más allá de tus profesores. No vas a ver más allá del título, ni del plan de estudios. No vas a explorar dentro de las áreas que te gustan ni vas a tratar de encontrar el exacto lugar profesional al que deberías pertenecer, o al menos no vas a hacer esta búsqueda en el mejor momento posible para que la hagas.

Entre estar obsesionado con recibirse y que te guste la carrera hay grandes diferencias, y son las siguientes: Si estás obsesionado con recibirte, tu educación universitaria se vuelve un proceso automático, una lista de libros que tienes que leer, una serie de clases a las cuales asistir y una sumatoria de exámenes por aprobar. Si estás obsesionado con recibirte, la oportunidad (quizás única) de estudiar una carrera universitaria hasta el fin se habrá convertido, para vos, en un proceso mecánico. La “adultez” se habrá apoderado de vos en un momento crítico, volviéndote en alguien que debe seguir una lista, una rutina dura como una piedra.

Si realmente amas tu carrera, la caja irá desapareciendo. Si realmente amas tu carrera, estudiarás absolutamente todo con ganas, pero en lugar de volverte en el mejor de aquella materia que te cuesta, te priorizarás a vos mismo ante todo. Tu carrera universitaria será como un fascinante viaje hacia tu interior desde el exterior que te provee la belleza del conocimiento. Si realmente amas tu carrera, no te recibirás de ingeniero, arquitecto ni médico. Te recibirás de Vos, de tu Nombre y Apellido, serás una persona que además de ser única en este mundo, es ingeniera, doctora, arquitecta. ¿Hay algo mejor que esto?

Por eso, me parece que deberíamos cambiar nuestras reglas universitarias. En lugar de “recibirse”, nuestra ley primera debería ser “conocernos a nosotros mismos”. Es la única forma en la que vamos a construir un futuro brillante.

“Lo que natura non da, Salamanca non presta”. Así es el lema de la Universidad de Salamanca, en España, probablemente la universidad de habla hispana más prestigiosa del mundo. ¿Cuál es la primera interpretación que hacemos de esa frase? Probablemente, que es elitista, que, según la frase, la universidad debería cerrar sus puertas a todo aquel que no venga a perfeccionar su ya brillante mente.

A mí me parece que la frase es cierta, pero no en el sentido elitista. Me parece que no debemos dejar que la universidad cambie quienes somos. Deberíamos ser capaces de salir de ella no como loros que repiten todo lo que le dicen sus profesores, sino como una versión perfeccionada de nosotros mismos.

Y es que, en cierto modo, ir a la universidad supone un riesgo muy grande: El de no ser original y caer más y más en la caja. Piénsalo un poco. Te están enseñando seres humanos, con realidades que no les permiten conocer todo el inmenso cuerpo que representa la materia que enseñan. Te está enseñando un ser humano que tiene intereses dentro de lo que enseña, que pueden o no coincidir con los tuyos. Te está enseñando algo con tiempo limitado, y sin tener la posibilidad de ver todo lo que abarca su área de conocimiento. Te está enseñando una selección de conocimiento hecha a su medida. Te está enseñando una variante sesgada del saber, manchada con su perspectiva única de vida. Y no hay nada de malo en esto, es más, ¡benditos sean los profesores universitarios! Pero hay que ver más allá de lo que nos ofrecen, o corremos el riesgo de perdernos a nosotros mismos.

¿Piensas que no vale la pena construir esa persona que tienes en tu interior y que está luchando por salir? Entonces, estás equivocado. Al mundo le costó mucho hacerte tal cual sos. Le costó colocarte en situaciones donde sabía que ibas a equivocarte. Le costó darte pequeños momentos de felicidad para que tengas fe y sigas adelante. Le costó dañarte y le costó invitarte a que vuelvas a construirte. Lo menos que puedes hacer por el mundo es conocerte. Es una relación extraña y unilateral, la que tienes con el mundo: vos le debes absolutamente todo, pero el mundo no te debe absolutamente nada.

Y, como le debes absolutamente todo al mundo por el simple hecho de existir, ¿te sigue pareciendo aceptable autosabotearte en tu carrera universitaria, en tu formación en pos de aquella vocación por la cual te pusieron en el mapa? ¿Te parece aceptable aprobar “zafando”, no estudiar tanto como podrías, ser una versión mediocre de vos mismo, o, peor aún, convertirte en un loro, en un ser más como tantos que produce tu institución, te parece bueno manchar tu universidad y volverla una fábrica que produce profesionales en serie?

Sócrates decía que debemos conocernos a nosotros mismos, y me parece una lección tan profunda, que va tan al fondo de lo que es la naturaleza humana, que ha sobrevivido muchísimos años para buscarte, a vos particularmente. Yo creo que todos venimos a este planeta con una misión, y, hasta que la encuentres, tu misión provisional es descubrir lo que hay en tu interior, salir de la caja o no entrar en ella. Eso que te va a mover y te va a hacer cambiar a aquellos que te rodean, por eso vale la pena vivir. Y así te tome años descubrirlo, entrégate a la búsqueda en cuerpo y alma. Conócete a vos mismo, y olvídate de una vez por todas de que naciste solo para recibirte. Eso sería ponerle un precio demasiado barato a tu alma.

Clases particulares con descuento | 10% y 15% OFF en packs

Autor: Virginia Castiglione

Arranqué mi vida universitaria con el Traductorado Público Nacional de Inglés en la Facultad de Lenguas de la Universidad Nacional de Córdoba, pero ahora sólo coqueteo con esa carrera: La cambié por la Licenciatura en Lengua y Literatura Inglesas. Si soy sincera, no sé exactamente qué quiero hacer con mi vida, excepto escribir. Soy fanática de la literatura anglosajona (pero no le hago ascos a la latinoamericana) y escribo cuentos, obras de teatro y poesía en inglés. Me considero una niña que no quiere compartir sus crayones atrapada en el cuerpo de una adulta y me encanta el arte experimental. Me puedes seguir en Twitter en @WithLoveVir


Compártelo:


59 comentarios

Deja una respuesta

Los campos requeridos estan marcados con *.