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Experiencias universitarias contadas por universitarios.

Cambiar de carrera

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Después de cursar un año y medio Diseño Industrial en la UBA, decidí, un día de junio (Dios sabe si me levanté con el pie izquierdo) que al día siguiente no iba a volver a la facultad. Fue así de sencillo y complicado a la vez. Lo primero que hice fue tratar de ver el tiempo invertido en esa carrera como tiempo aprovechado y no como tiempo perdido, después de todo algo debo haber aprendido.

Habiendo cerrado el primer capítulo de mi libro universitario, y tratando de escribir uno nuevo, comencé terapia con una psicóloga, la que me recomendó NO hacer un test vocacional aunque no lo crean. Admito que fue uno de los mejores consejos que podría haber escuchado en ese momento. Había realizado un test en el último año de secundaria y me había anotado en Diseño Industrial porque el test había dicho que era buena para la “construcción”. Bueno, resulta que no, que la psicóloga me explicó que un test es una herramienta útil para algunos pero que es una herramienta impersonal, y resulta que una decisión universitaria es algo personal, por lo que el test y las decisiones no se llevan tan bien como creía y los resultados en los que uno confía no son tan certeros. En un test tenés que marcar SI o NO en un casillero a la pregunta: “¿Te gusta cocinar?”. ¿Pero qué pasa si me gusta cocinar a veces, de vez en cuando, cuando estoy enojada, cuando no me queda otra?

Decidí entonces que más que llenar formularios y esperar resultados tenía que buscar yo la respuesta, conocerme mejor. Comencé clases de piano, de canto, seguí con terapia y tratando de conocerme un poco más, me di cuenta que los idiomas nunca me habían “molestado”. Fui a un colegio primario y secundario en donde nos enseñaban inglés y francés desde chiquitos, así que comencé a investigar más sobre el tema. Esto va a sonar tonto pero realmente abría mis libros de idiomas de la secundaria, los recorría con la vista y trataba de acordarme cómo decir ciertas cosas. Creo que en mi mente trataba de comprobar que era capaz de estudiar algo tan diferente a la carrera que había elegido antes. Cuando finalmente me creí capaz y me convencí de que esto podía ser una opción, investigué sobre carreras terciarias y universitarias relacionadas a los idiomas, hablé con dos o tres personas que hicieran algo de su vida que tuviera que ver con esto en lo que yo estaba incursionando y terminé tocando las puertas de una nueva universidad para informarme con una profesora sobre la carrera de Traducción en Inglés. Reconozco que soy algo impulsiva y apenas llegó diciembre yo ya estaba paradita en la administración de la universidad esperando para anotarme. Tuve miedo, pensé que me estaba equivocando de nuevo, que si la “pifiaba” una vez más me iba a encontrar más perdida que nunca, pensaba que si no era esto no era nada. Lo mejor que puedo decir ahora es que si no están conformes, si sienten que no están “en su salsa”, evalúen otras opciones, muévanse, hay cosas distintas, hay cosas que les pueden gustar más, cosas que quizás no saben que les gustan.

A todo esto, hice con todo el miedo del mundo el examen de ingreso. Me fue bien, festejé, se pasaron las vacaciones y en marzo de 2010 estaba cursando mis primeros días en la Universidad del Salvador. Una experiencia nueva y diferente.

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Autor: Micaela Burlet

Traductora científica-literaria en Inglés. Mejor teacher de segundo, tercero, cuarto, quinto, blah blah. Brutal y tierna al mismo tiempo. Amo cantar.


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