#SerUniversitario

Experiencias universitarias contadas por universitarios.

El amor después del amor

| 28 Comentarios

Así como en un noviazgo, tu primer día en la facultad fue un paseo a un campo de margaritas con Here Comes the Sun musicalizando tu entrada al aula 215. Mariposas en la panza, nervios, expectativas.

Era tu primera vez. No sabías bien qué hacer. Después de tantas veces de haber oído, leído e imaginado cómo sería ese momento, al fin lo estabas viviendo. Preguntaste mucho, te equivocaste de aula, incluso le mandaste un whatsapp a tu grupo de amigos diez minutos después de salir para contar con lujo de detalles qué tal estuvo todo.

Pero de ese día ya pasó un año. O quizás dos.

Y ya no te resulta tan maravilloso y deslumbrante los veinte carteles por cm2 que hay del Partido Obrero, sino más bien se te ocurre que probablemente eso sea contaminación visual (ahora entendés por qué no podés dejar de pensar en la lucha de los trabajadores ni cuando te estás depilando el cavado).

Seguramente (y salvo raras excepciones) odiás a la fotocopiadora del Centro de Alumnos. Preferís sacar la bibliografía en la librería de enfrente a la facultad, que sí, te cobra 15 centavos más, pero al menos no se le rompe la máquina a mediodía ni te abrocha las hojas al borde del margen obligándote a adivinar la mitad de las palabras.

Si como yo, tenés alma medio de hippie, probablemente te pareció encantador sentarte en el piso en algunas materias por exceso de matrícula. ENCANTADOR. Hasta que empezó el invierno y te diste cuenta que pasar dos horas sentada en el piso de un aula sin calefacción tratando de apuntar algo coherente en tu cuaderno quizás no sea tan encantador.

Y, ¡Oh! Qué copado era ese profesor que se pasaba la mitad de la clase hablando de fútbol, del último programa de Tinelli o cualquier cosa menos de la teoría de la era después del fin del arte de Arthur Danto. Pero qué poco copado es que te bochen del final de Historia de los Medios y el Espectáculo porque de lo único que sabés es del enfrentamiento de Moria Casán y la Ritó.

Nuestro primer año en la universidad fue como un noviazgo: hermoso, intenso, pasional. Llegamos cargados de expectativas, fuimos ciegos a los defectos y nos deslumbró cada pequeña cosa que descubrimos.

Pero como todo noviazgo, en un momento llegan las decepciones. Ese momento en el que descubrís que tu bichito de luz deja platos vacíos adentro de la heladera, que tu ositobonitohermoso ronca como un hijo de puta. Es el momento en el que descubrís que el amor de tu vida también hace caca.

Y la universidad no podía quedar exenta.

¿Qué hacer cuando se acaba el amor? ¿Terapia de pareja? ¿Sexo tántrico? ¿Empezar a chusmear otras carreras por internet, en secreto, usando el navegador de incógnito? ¿Visitas furtivas a otras facultades, llegando a la tuya arrepentida con un ramo de apuntes en la mano? ¿Proponer abrir la pareja?

Así como esa amiga consejera que presta oído mientras devoran un kilo de helado, yo aconsejo: no te precipites. Solo recordá qué te unió a tu facultad en un principio. Recordá todos los parciales vividos, todas esas mini alegrías diarias que te dio, todas las lágrimas que derramaste. No derroches todo ese tiempo solo por estar pasando una pequeña crisis. Al fin y al cabo, si se divorcian, ¿quién se queda con los apuntes? Pensalo bien.

Clases particulares con descuento | 10% y 15% OFF en packs

Autor: Mariana Anunziato

(Aspirante a) artista. Estudiante de segundo año de la Licenciatura en Composición Coreográfica con mención en Expresión corporal - UNA. Sí: es una carrera (y una nada sencilla por cierto). No, no estoy estudiando otra cosa "por si las dudas". No, no vivo fumando porro. Pero sí, me gusta sentarme en una plaza a tomar mate y cantar Sui Generis mientras tocamos la guitarra y abrazamos árboles.


Compártelo:


28 comentarios

Deja una respuesta

Los campos requeridos estan marcados con *.