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Experiencias universitarias contadas por universitarios.

Introducción a los estudios de la frustración [Tomo I]

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¿Se acuerdan cuando eran chicos e iban al supermercado? Lo primero que hacían era pedir cualquier cosa que se les cruzara. He aquí las respuestas más comunes: “Dejame de joder” y “NO”. Déjenme contarles que estudiar Traductorado es lo más cercano a eso que hay. Incursionar en la carrera de idiomas no es para fóbicos al rechazo, o para gente que no acepta críticas, o para… bueno, creo que se entendió. Pero aún así, acá estamos, aún vivos después del año más largo de mi vida.

Como para resumir, en la UNLP el curso de ingreso de Lenguas Modernas es principalmente de 1 semana a 2 meses, con una serie de exámenes (un examen oral, un escrito y una composición) que te permite entrar a la carrera inmediatamente o seguir el curso lo que queda del año y te deja llorando en un rincón de tu casa abrazando a tu almohada. Te avisan que para entrar necesitas un nivel avanzado en inglés, o también llamado FIRST, para que no tengas problemas, pero claro, ¡oh casualidad! yo nunca fui a un instituto de inglés y me costó tanto como armar un castillo de cartas en medio de la tormenta de Santa Rosa.
Cuando no aprobás los exámenes a los dos meses, volvés a hacerlos a mitad y a final del año. Me complace decir que los aprobé a final del año, pero después de ganarme un trauma que se merece una cátedra entera en la facultad de psicología.

Imaginen estar en un boliche, y que cada chica o chico que encaran los rebota como pelota en el frontón. Bueno, ahora piensen que yo era la pelota. Un examen tras otro, tras otro, tras otro que volvía a hacer (en realidad siempre era la composición lo que me complicaba la existencia). Sí, era un odio puro y ciego hacia sentarme a rendir el examen. Seguido de un tiempo en que la frustración es lo único que sentís y te terminas preguntando si esto es lo que querés.

Es horrible ese sentimiento que no te deja concentrarte y que da ganas de dejar todo para terminar con un puesto afuera de la facultad vendiendo fruta (sin desmerecer el trabajo, que es uno muy honesto). Pero para ser sincero, estaba advertido que sin una monumental base en el idioma me iba a costar tanto, que iba a tener que esforzarme demasiado, incluso mucho más que mis otros compañeros. Fui yo el que se inscribió, sin coacciones de ningún tipo, así que mi amor por el idioma pudo más; y gracias a eso, hoy puedo escribir este post como pleno estudiante de Traductorado. ¿Qué enseñanza saqué de esta experiencia? “Never give up”. Nunca dejes de intentarlo si es lo que querés, porque cuanto más nos cuesta conseguir las cosas, más las apreciamos después. Quizás no te guste ahora la cursada, o esa materia o aquel profesor, pero quizás lo demás sí, y si abandonás te vas a arrepentir como cuando uno se arrepiente de no haber ido al baño antes de salir de casa.

Aunque tengan que estudiar con asco, aunque tengan que practicar solos, aunque tengan que leer apuntes mientras van al baño. !Háganlo! y aprovechen cada momento que tengan. Ese mundo caótico de horarios, días y aulas es algo que forma parte de ser universitario. Y es lo que hace a la facultad tan odiosa y tan divertida al mismo tiempo.

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Autor: Lautaro Veloz

Platense de 19 años. Estudiante de Traductorado de Inglés en la UNLP. Record barrial en cantidad de platos de fideos. Colombofóbico. Escritor ambicioso. El 78% del día estoy en twitter: @lauuvz


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