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Experiencias universitarias contadas por universitarios.

Luchar para seguir luchando

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Después de la crisis del 2001 me tocó vivir una vida contando monedas, valorando y exprimiendo al máximo todos los recursos que mis papás podían comprar. Nací y crecí en Villa Dorrego, un barrio muy humilde de González Catán en donde me tocó pasar por muchas situaciones difíciles, situaciones que decidieron Dios y la vida en sí. Me gradué en una escuela secundaria pública, en la cual el nivel de educación no era muy bueno, siendo el único de toda mi familia que terminó la escuela (ninguna de mis hermanas terminó y mis papás ni siquiera el primario).

Un día del año 2012 volviendo de trabajar en Ramos Mejía, vendiendo en la calle 8 horas sin ir al baño ni comer, decidí empezar el curso de ingreso para estudiar en la Universidad Nacional de La Matanza. Quedé encantado al entrar y ver a simple vista su lado físico y que había gente estudiando en frente de la fuente y en todo el patio, lo cual fue algo raro para mí, ya que nunca había visto algo así en mi barrio. Siempre me gustó estudiar y leer mucho, y ver a toda esa gente a la que le gustaba estudiar igual que a mí, fue algo muy lindo y alentador.

Debido a que no había muchas opciones para elegir a la hora de comer en mi casa, comíamos lo que podíamos y eso significaba lo más barato (lo que más engorda). Me tocó padecer obesidad de primer grado y sobrepeso en mi infancia hasta los 13 años, lo cual desencadenó, junto con el bullying que tuve que pasar en el primario, que padeciera más adelante la bulimia y anorexia nerviosa en mi adolescencia, grandes complejos con la comida que por suerte superé. Así que sentí que era mi deber anotarme en la carrera de Licenciatura en Nutrición, que por suerte hacía un año se había abierto en la UNLaM.

Terminar la escuela, trabajando y haciendo el ingreso, fue un trabajo exhaustivo para mí, pero la verdad es que no me arrepiento. Durante el primer año de cursada en la universidad en el año 2013, al haber tenido tan pocas cosas que estudiar en el pasado, tuve muchísimas complicaciones a la hora de adaptarme al nivel de estudio universitario, tanto fue así que dejé en el segundo cuatrimestre de ese año por un pico de estrés que me agarro por los nervios de los parciales y la poca costumbre a estudiar así. Sólo metí 2 materias en el primer cuatrimestre y la que más me gustaba la tuve que recursar, lo cual fue muy sorprendente para mí y quedé muy deprimido por eso. Pero en el verano del 2014 decidí volver y luchar para seguir luchando, luchar para seguir la carrera salteando el gran obstáculo de estar en menos condiciones que los demás a la hora de aprender y retener contenidos, sobre todo en una materia llamada Biofísica, por la cual había decidido dejar la carrera (después me arrepentí) más allá del pico de estrés.

Empecé de a poco, cursando una materia anual y una cuatrimestral, y en la segunda parte del año hice 3 cuatrimestrales más, además de la anual. Tuve que dar 2 finales el mismo día y otro 2 días después, ¿y saben qué? pude darlos a todos bien. Y digo “luchar para seguir luchando” ya que mis recursos SIGUEN siendo muy escasos, cuento monedas para cargar la SUBE, mi madre me banca mucho dándome todo lo que puede y varias cosas me las tienen que prestar mis compañeros (apuntes, útiles, etc.) que son muy buenas personas, y otras las compro con lo justo. Es una gran lucha porque a pesar de que es una universidad del estado, hay mucha gente que no va porque es mucho lo que hay que invertir (y los que van lo saben).

En el 2015 me anoté en Biofísica para cursar en el verano, fueron 8 clases solamente. Tuve que dar el segundo parcial un martes y el recuperatorio del primer parcial un jueves, ¡en la misma semana! ¿Y saben qué?, esa materia que casi me hace dejar la carrera, ¡la metí en SÓLO 8 clases intensivas! Valió la pena todo el esfuerzo físico que implicó caminar 28 cuadras ida y vuelta hasta el particular de física para ahorrar plata en la SUBE, valió la pena ir solamente 4 clases con el particular porque no tenía cupo (al ser verano estaba colapsado) y valió la pena seguir remándola pasando hambre los días que estoy todo el día cursando y no como (porque estoy cursando 4 materias con una carga horaria complicada). Y la verdad es que me está yendo bien (más allá de algún que otro parcial que debo recuperar).

A todos los que están estudiando o pensando en estudiar, y les cuesta monetariamente y/o por la cantidad de estudio que se requiere o el pasar de una educación no muy buena a una nivel universitario, les digo ¡¡REMENLA!! ¡Luchen por seguir! Y luchen para exigirse cada año un poco más. ¡Luchen que se puede! Cuesta muchísimo pero se puede. Y el día que tengamos el título en mano, sabremos que todas esas adversidades que nos tocó pasar valieron la pena.

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Autor: Enzo Darío Aguilar

Estudiante de Lic. en Nutrición en UNLaM.


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