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¿Qué quiero ser cuando sea grande? ¡Doctora!

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Hace un tiempo, estaba saliendo de la facultad y me puse a reflexionar en todo lo que transité para llegar hasta donde estoy ahora: haciendo lo que amo, siguiendo mi vocación. Entonces me di cuenta de que si pudiera hablarme a mí misma, a esa nena que soñaba con dedicar sus días a la ciencia, o incluso a veces, recordarme hoy por hoy, por qué hago lo que hago, estas serían mis palabras, para mí, pero tal vez también para aquellos que eligieron este camino:

Tenías sólo 5 años cuando te preguntaban qué querías ser cuando fueras grande. En ese entonces, respondías con seguridad: “quiero ser una científica”. Y en ese instante, los grandes sonreían, te pellizcaban las mejillas o te sacudían el pelo, una palmadita amistosa en el hombro y la típica respuesta, casi cliché: “qué linda, la nena”. Tomaban a la levedad tus palabras, total, ¿qué saben los chicos sobre lo que quieren?

Sin embargo, fue sólo pocos años después que tomaste dimensión de lo grande que es el campo científico, y tu respuesta pasó a ser más específica: “quiero ser doctora, para ayudar a la gente… Quiero salvar vidas”. Y acá estás, de repente, envuelta en un guardapolvo blanco, con guantes descartables en un bolsillo, una pinza en otro, y en un futuro no muy lejano, luciendo un estetoscopio colgado en el cuello. De un momento a otro estás sosteniendo una pipeta con sangre, discutiendo el método científico, tomando apuntes a la velocidad de la luz, cargando libros más grandes que vos misma, a las corridas de cursada en cursada, viendo la vida a través de un microscopio, dando clases y escribiendo una historia clínica, dando consejos o consuelo a aquellos que lo necesiten, y aprendiendo a curar el cuerpo y el alma. ¡Sí!, el alma también, porque al buen médico no puede faltarle la ternura.

Los años volaron sin que alcanzaras a percatarte. Y muchos de los que antes te habían sonreído te miraron incomprensiblemente, declarando que la locura se había apoderado de vos, cuando la decisión fue definitiva: “voy a estudiar Medicina”. Qué gracioso, algunos todavía parece que se negaran a creer que una persona pueda someterse a un camino tan difícil. ¿Pero es que acaso algo es fácil en esta vida? A ellos les cuento un secretito: una vida sin pasión (ya sea una carrera, un deporte, la familia, un trabajo) no me parece digna de ser vivida. Sin embargo, las personas más importantes, las que te siguieron desde el inicio, quienes creyeron en vos y lo siguen haciendo, te acompañaron en cada aliento, y hoy con cada pequeño gran logro, se levantan y te aplauden.

Seguí luchando por conquistar tus metas, vas a alcanzar cualquier cosa que te propongas. No los defraudes, y más importante: no te defraudes; recordá siempre que la única batalla que se pierde, es la que se abandona. Y por sobre todo…

No te rindas que la vida es eso, continuar el viaje, perseguir tus sueños, destrabar el tiempo, correr los escombros y destapar el cielo. Mario Benedetti

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Autor: Geraldine Kraus

Médica en proceso en la UNLP y escritora aficionada. Lectora obsesiva. Amante de la política, los deportes y los idiomas. Cronopia ante todo.


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