#SerUniversitario

Experiencias universitarias contadas por universitarios.

Sobreviviendo en la universidad

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¿Tienen familiares, amigos, amigas, gente querida en la universidad?
Agarren el celular y pregúntenles cómo están, que ésta suele ser una época increíblemente difícil para quienes somos universitarias y universitarios. Y lo digo con conocimiento de causa ¡eh! No sólo por hablar… es de madrugada, estoy cansada, y como diario íntimo no tengo, se me ocurrió escribir acá. En una de esas me lee algún compañero, alguna compañera que esté más o menos igual y entienda un poco de qué se trata todo esto. Me tomo un mate y empiezo…

Afuera circulan muchas representaciones acerca de la universidad, y la verdad que es algo hermoso; las experiencias que te enseña la vida universitaria sobrepasan por mucho los contenidos académicos, porque queriendo o sin querer, aprendes cosas de la vida misma (sobretodo si te vas a vivir sola/o): a cocinar la cantidad justa de arroz, a usar seis horas la misma yerba en el mate, a juntar la ropa en el momento justo antes de que se largue a llover.

Esas son cosas copadas, pero se aprende de todo en realidad, se aprende a sobrevivir. Algunos días son más difíciles, pero particularmente, algunas noches son más difíciles (muy difíciles), que los parciales, que los finales, que los trabajos prácticos, que esta exposición, que aquella investigación, que este examen, que aquel recuperatorio, y así; de a ratos sentís que la facultad te está llevando puesta/o.

Mi auto-consuelo suele ser: “yo elegí estar acá, hay que disfrutar cada momento. Pasa rápido, después voy a extrañar estudiar”, etcétera. Pero sinceramente a veces las fuerzas no dan ni para eso. Y qué se yo… tenemos derecho de angustiarnos, estar tristes y sentir que no podemos también, ¿no? La cantidad de cosas que se nos cruzan por la cabeza son innumerables, por eso les digo en serio, si conocen a algún/a estudiante pregúntenle, que cómo está, que cómo anda. Cómprenle un chocolatito y denle un abrazo honesto. Hay días en los que sólo eso, te salva.

Tampoco es tan trágico, che. Pero ya les dije, es de madrugada y estoy cansada. A veces me da como un impulso de desmentir el fantasma de las películas norteamericanas sobre la universidad. No, no todo es fiesta, no todo es joda, sexo y alcohol. La otra cara es totalmente opuesta, y les puedo jurar que es la cara que vivenciamos la mayoría. Una cara de ort… bueno, esa palabra no la puedo usar acá. Una cara fea, amarga. Pero no es todo blanco o todo negro. Los grises son cálidos a veces, la sensación de sentir que no das más, que no vas a llegar, y la emoción al enterarte que aprobaste, que valieron la pena las noches en vela, lo caro que pagaste el café, las lágrimas que te mojaron los apuntes, no sé. Cada quien lo vivirá a su manera. Me encantaría tener de cada estudiante un relato acerca de cómo vive o de cómo vivió esta etapa, qué es lo más lindo que le quedó, qué aprendió, qué le dolió, cómo sobrevivió, hasta dónde llegó, si fue feliz… Si alguien tiene ganas, puede contarme.

A veces los “cuesta arriba” son más empinados, y como decía al principio, esta época del año suele ser un infierno que hay que soportar.

No quiero que nos tengan lástima, para nada. Pero estoy segura de que quien no lo pasó ni se imagina en qué consiste todo esto. Y tiene momentos tan felices que son indescriptibles, y tiene momentos tan difíciles que también son indescriptibles, y entre medio, nuestra vida transcurre.

No todas las personas tenemos la posibilidad de seguir un estudio, a pesar de que en nuestro país existen las universidades públicas. Sí, somos gente privilegiada la que llegó hasta acá, y llegamos sin hacer (casi) nada, sólo por la suerte de haber nacido en una familia que está más o menos bien, que nos da una mano con los gastos, y algún trabajo de refuerzo para generar algún ingreso extra. Se trata de hacer un esfuerzo enorme, conjunto, creo que hacerlo solos no se puede. No se puede sin el afecto, sin el cariño, sin la buena onda de la gente que nos rodea. No se puede sin el amor.

Y aunque a veces nos den ganas de revolear las carpetas por el aire, o simplemente, prenderlo fuego todo, considero que hay que bajar dos, tres, cuatro cambios y relajar. Descansar un rato. Aunque el tiempo no nos alcance, aunque le falten horas al día porque no vamos a llegar ni sin dormir durante nueve noches seguidas, hay que parar, y recuperarse, tomar aire y seguir. Si no sale esta vez, no importa, será la próxima. Juntate con una amiga a matear, a escuchar música, a charlar. Juntate con un amigo a hacer lo mismo.

Ese final en algún momento se va a aprobar, pero mientras tanto pasa el tiempo, y con él acontecen nuestros sueños, nuestros miedos, nuestras ilusiones, nuestra vida.

Seas estudiante o no, mirate al espejo, sonreí, querete, jurate ante tus propios ojos que te vas a cuidar, que no te vas a postergar más, que vas a entender, en algún momento, que en esta historia (tu historia), vos, sos la prioridad.

El resto del mundo, aunque sea por un ratito, puede esperar.

Clases Particulares: - Antropología - Semiología - Sociología - Psicología - Filosofía - HSEG - ICSE - IPC

Autor: Ayelén Lambert

Técnica en Acompañamiento Terapéutico egresada de UADER - FHAyCS Tesista de la Lic. en Psicología (misma casa de estudios). Entre Ríos - Argentina.


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