#SerUniversitario

Experiencias universitarias contadas por universitarios.

Una decisión muy difícil

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La verdad es que no me fue fácil decidir qué estudiar. O, al menos, me fue difícil animarme a anotarme en lo que verdaderamente quería.

Me fui a anotar por primera vez en la facultad, después de vueltas y más vueltas, escuchando las opiniones de medio mundo, que hay que estudiar carreras “tipo”, que lo que a mí me gustaba no tenía buena salida laboral, que las humanísticas no servían, que me tenía que tirar para el lado de las económicas porque a mí siempre me fue bien en matemáticas, o que tenía que ser abogada, porque si no la ganaba la empataba. Claro que terrible influencia sobre una chica que recién empieza a conocer el mundo laboral ejerce presión. Con todo esto, dos de mis mejores amigas y yo fuimos juntas a la Universidad de La Matanza, a anotarnos en Comercio Internacional. Yo parada en la fila, esperando que sea mi turno, no paraba de dar vueltas y vueltas. Esa definitivamente no era mi carrera, no era lo que yo quería estudiar y mucho menos lo que quería ser durante el resto de mi vida. Entonces, estando como mucho a cinco personas de que fuera mi turno, lo decidí, taché “Licenciatura en Comercio Internacional” de la ficha de inscripción y escribí “Abogacía”.

Un mes después, empezamos el curso de ingreso. Mis dos amigas por un lado, yo por otro. A esta altura todavía no habíamos terminado el colegio, estábamos con mil cosas. Por un lado la emoción del último año, la fiesta de egresados, por otro lado nos íbamos a Bariloche y estábamos a full con eso. Las materias del curso de ingreso de la facultad eran tres, de las cuales, cursé la primera, cursé la segunda, y dos clases después de empezar la tercera, y siendo que tampoco Abogacía era la carrera que yo quería para mi vida, tomé la decisión de dejar de cursar y disfrutar exclusivamente del cierre de un ciclo.

En la UNLaM en verano, se pueden rendir recuperatorios de los exámenes del curso de ingreso, o en mi caso, materias que no se hayan rendido. Sabiendo esto, averigüé si podía rendir las materias y luego cambiarme de carrera, a lo que me respondieron que sí, pero que iba a tener que cursar un cuatrimestre de Abogacía, y recién en el segundo cuatrimestre me iba a poder anotar en las materias de la carrera que eligiera. Fue por esto que decidí dejar pasar ese año y volver a anotarme en el curso de ingreso siguiente, en el cual me anoté en Comunicación Social, esa carrera que tanto me recomendaron no estudiar, pero así y todo, hoy disfruto de estudiarla y sé que me va a encantar poder vivir de eso en un futuro. A lo mejor, si hubiera seguido con cualquiera de las carreras que tanto me recomendaban y que no me gustaban, o no me convencían, las hubiera hecho sin ganas y seguramente no las hubiese terminado. Estoy contenta por hacer lo que verdaderamente me gusta, si hay salida laboral o no, es otro tema. Creo que si sentís que verdaderamente lo disfrutás, eso es lo importante, y cuando sos bueno en lo que sea que hagas, las posibilidades laborales vienen solas.

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Autor: Belén Kohan

Estudio Comunicación Social y Fotografía. Qué importa si no llegás a ninguna parte, si le pusiste amor a tus convicciones.


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