¿Qué lugar le conviene al practicante del psicoanálisis en el campo de la salud mental? Alrededor de esa pregunta, la diplomatura recorre la historia, las tensiones y los anudamientos entre ambos, con una formación clínica entrelazada a una perspectiva de derechos. Convoca a psicólogos, médicos, sociólogos y educadores.
Quien egresa puede analizar conceptos de distintas escuelas psicoanalíticas, conectarlos con otros saberes de la Salud Mental y desempeñarse en organismos públicos, privados y no gubernamentales de Salud Mental y Derechos Humanos.
Los seminarios trabajan la posición del analista en las instituciones y la Ley de Salud Mental, la clínica bajo transferencia (urgencias, psicosis, depresiones, usos del fármaco), los dispositivos comunitarios en territorio con niños y adolescentes, y problemas filosóficos del sujeto y la comunidad en Spinoza, Nietzsche, Foucault y Esposito. Dos módulos suman la estatalidad contemporánea y la escritura del caso clínico.
Concibe los derechos humanos como condición de posibilidad del ejercicio profesional, sin que el para-todos obture lo singular del sufrimiento subjetivo: ahí entran el diagnóstico y la psicopatología. Frente a las perspectivas biologicistas y tecnocientíficas, el psicoanálisis se orienta por la letra del síntoma y se presenta como contrapunto a las formas actuales de la segregación.
Se requiere ser graduado universitario en medicina, psicología o disciplinas afines. Las excepciones las considera el Comité Académico según los antecedentes de cada postulante.
Los aspirantes extranjeros deben acreditar competencia en lectura y comprensión de textos en español.