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Experiencias universitarias contadas por universitarios.

Nunca me voy a recibir

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No me puedo concentrar y rindo mañana un parcial de una materia fácil. “Fácil” porque los temas son muy básicos para mí, los vi en la secundaria hace más de 10 años. Y aún así no me dan ganas de estudiar. Aún así, seguramente, me vaya mal.

El cuatrimestre empezó mal y continúa peor: reprobé el primer parcial de Derecho Privado y su recuperatorio, y tendré que recursarla. Luego, me fue mal en un parcial práctico de la materia “fácil”. La desmotivación se apoderó de mí. Nunca me voy a recibir. Ya no sé si realmente quiero recibirme. ¿Para qué necesito el título? Si total, no necesito un título para trabajar, para emprender.

“Si no te recibís le habrás hecho perder plata al Estado”, dicen algunos. ¿Y si en verdad le estoy haciendo perder plata tratando de encajar en algo que no fue hecho para mí? Esa frase no me gusta. En realidad no me gusta el pensamiento detrás de esa frase: lo único que importa es el título.

No importa lo que aprendí durante todos estos años en la universidad; si no me recibo, para la sociedad, es como que no haya cursado ni una sola materia. Me desespera. Me desespera que justifiquen los medios con el fin de obtener un maldito diploma.

¿Acaso ya no importa lo que se aprende? ¿Acaso ya no importa lo que se enseña?

En Derecho Privado tuve profesores increíbles, de esos que te hacen reír durante toda la clase y que usan ejemplos, analogías y datos interesantes para que entiendas mejor lo que explican. Son de esos profesores que dan clases que no te querés perder. Entonces, ¿por qué me fue mal? Porque no pude digerir la gran cantidad de información que me dieron. En otras palabras, fui un vago y no estudié la cantidad de tiempo que debería haber estudiado. Esa es la crítica que surge de la mayoría de la gente cuando decís que te fue mal. Pero ¿realmente es así?

Bueno, si fue así entonces en realidad lo que están evaluando es mi disciplina, mi capacidad de estudiar solo, mis métodos de organización, etc. Nada de todo eso me lo enseñaron en la facultad ni en la secundaria; ni siquiera lo nombraron. Y se da por sentado que todos los estudiantes sabemos cómo hacerlo bien. Además, ¿por qué se pretende que aprenda los contenidos de esa materia al mismo ritmo que los 99 estudiantes que se sientan alrededor mío en esa clase? No somos todos iguales. A todos no nos interesa de la misma forma la materia.

Profesores excelentes que solo logran que menos de la mitad del curso apruebe el examen; que menos de un tercio aprenda algunos de los temas dados en clase. ¿Nunca te pusiste a pensar por qué siempre, en cada materia, terminan aprobando la mitad, o menos, de los estudiantes que la cursaron? ¿Acaso todos esos estudiantes quieren “hacerle perder plata al Estado”?

Hay un problema de ineficacia en el sistema educativo universitario del que casi ningún estudiante habla. De hecho, creo que ni siquiera se dan cuenta. No por culpa de ellos, sino por culpa del propio sistema que los lleva a creer que si no aprueban un examen es culpa de ellos, que si no se reciben no vale nada todo el esfuerzo que le vienen poniendo.

La estructura típica que se presenta en todas las materias de mi Facultad, y en la mayoría de las carreras de mi país, que consiste en 2 parciales, un recuperatorio y un final, es absurda y obsoleta.

¿Por qué no puedo seguir cursando una materia si no aprobé el parcial ni el recuperatorio? Te tratan como si fueras un robot que no sirve y te desechan a la basura. Algunos dirán “sería injusto para los que aprobaron que te den más chances y al final tengan la misma nota”. Y ahí está el problema: el sistema actual está estructurado para la competencia entre sus estudiantes. Competencia. Nos hacen competir los unos a los otros para ver quién “resiste”, “aguanta” y aprueba con mejor nota en el tiempo estipulado.

La universidad perdió su razón de ser. Se olvidó de que existe para que sus estudiantes aprendan. Se transformó, a lo largo de los años, en una estructura gigantesca que se basa en exámenes y datos cuantitativos. Fechas, notas, promedios, rankings. No importan las habilidades blandas, los sentimientos y emociones, la capacidad de concentración, el trabajo en equipo, la colaboración. Porque cada vez que se intenta incluir un trabajo práctico grupal como método de evaluación, termina siendo todo menos grupal. Porque el sistema nos tiene así de acostumbrados, y lo único que importa es la nota final.

¿Para qué nos hacen ir todos juntos a escuchar al mismo profesor si ni siquiera nos dejan interactuar entre nosotros y compartir conocimientos y experiencias?

Estoy seguro que algún día la universidad resurgirá entre sus cenizas. Algún día nos daremos cuenta de que lo que verdaderamente importa es aprender, y no aprobar.

Ya no sé si quiero recibirme. Lo que sí sé, es que quiero seguir aprendiendo.

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Autor: Nicolás Scherzer

Fundador de #SerUniversitario y tecno-amante. Le atajé un mano a mano al cáncer. Rebotando entre Sistemas de Información y Diseño Gráfico en la UBA. ¡Hincha del Rojo! También tengo Twitter: @nscherzer


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