#SerUniversitario

Experiencias universitarias contadas por universitarios.

LOS INGRESANTES – El Grito

| 18 Comentarios

El Grito– ¿Estás seguro de que esto es lo que querés, Fede? – me pregunta mi vieja por vez número diez mil quinientos sesenta y seis.

(Efecto de sonido: Martilleo prolongado.)

– Sí, mamá – se lo digo con una calma estudiada que llevo usando como un antifaz hace ya dos meses. Me sirve como escudo.
Mi mamá no es tan mala como mi padre, aunque sé que en este momento se está arrepintiendo de las clases de piano que insistió en que tomara cuando era niño. Sé que me mira y se está preguntando cómo el mismo niño que practicaba Beethoven con una disciplina inusual para su edad (un niño que, por cierto, conserva esa disciplina a los dieciocho, no hay que descuidar al maestro) puede haberse convertido en… bueno, en esto.

Si digo que soy la oveja negra de la familia, me quedo corto. Mi viejo es ingeniero químico y trabaja en la industria petrolera. Tenemos una vida muy cómoda aquí en Comodoro Rivadavia. Mi vieja es pediatra. Mis hermanos no están tan mal. Los admiro, aunque me gustaría recibir el mismo trato que reciben ellos, en lugar de que mi papá me descalifique totalmente solo porque soy músico.

Mi hermana mayor, Sabrina, está haciendo la residencia de cirugía en Estados Unidos, en el Massachussets General Hospital. Parece que quiere ser neurocirujana y muestra mucho talento. Mi hermano menor Darío se pasa los ratos libres hackeando lo que sea que le pongas en la pantalla y te puede arreglar la computadora o el teléfono en menos de cinco minutos, quince si el problema es grave.

No es por ellos que mis papás están preocupados, es por mí, el incorregible Fede, sin una pierna derecha (por lo menos no una de verdad), que presenta una novia nueva cada mes y prácticamente no tiene amigos, que vuelve de la noche a la mañana con “El Grito” de Edvard Munch tatuado a todo color en el brazo izquierdo, o con extensores en las orejas, o un piercing justo arriba de la ceja. Yo, que hago viajes espontáneos (y sin avisar) a Córdoba y Buenos Aires para seguir a mis bandas favoritas de metal.

(¿Será que me permiten todo esto por lo de la infección, la vez que entré en coma, la pierna derecha prostética? Nunca me puse a pensar… La verdad no es la gran cosa, yo ni me acuerdo.)

Yo, excelente con el piano, las guitarras acústica y eléctrica, el bajo y el violín, ecléctico melómano que pasa de Liszt a Megadeth en el mismo minuto. Esa parte no la suelen ver mis padres.

Bueno, algo de crédito les tengo que dar, especialmente a mamá, aunque creo que las largas charlas por Skype con Sabrina en las que ella decía que “Fede tiene un don” también ayudaron. Después de todo, está por pasar – El departamento en Nueva Córdoba, adonde me espera mi piano, que mandamos a trasladar hace dos semanas, mi sueño más querido hecho realidad: Estudiar la licenciatura en Composición Musical, finalmente tener las herramientas para componer la sinfonía que sé que tengo dentro de mí.

Mi viejo se está tomando todo esto como una gran broma, como un chiste que va a terminar mal.
En el mejor de los casos, piensa, voy a ser un desempleado sin futuro. En el peor, muero de una sobredosis de cocaína a los 28 años.

(Dios, cómo me arrepiento de todas las veces que volví borracho o con olor a cierta hierba a casa. Igual, hice un pacto conmigo mismo: No voy a ingerir sustancias que alteren mi modo de pensar hasta que exista mi sinfonía interior. Hace meses que mi cuerpo está libre de cualquier cosa que no sea comida, agua y el ocasional medicamento para el dolor – a veces me duele el extremo donde se conecta la prótesis.)

Mi pobre viejo, no sabe lo que es tener una visión artística.

– Dos horas para que vayamos al aeropuerto – le digo a mi madre sin poder contener mi felicidad.
Últimamente, la noto extraña a mi vieja. Perdió mucho peso y casi nunca sonríe.
Por lo cual me contengo de hacerle una escena tras enterarme de lo que me entero.
– Invité a Victoria. Espero que no te moleste.

La miro e inhalo. Le pido al Dios no corpóreo en el que no creo (quizás es momento de probar el hinduísmo, me cansé del agnosticismo) que me dé paciencia para no exhalar todos los improperios que se me vienen a la mente.
¿Que quién es Victoria? Nadie, solo la mayor hija de… Bueno, quizás no debería insultarla. Victoria y yo fuimos novios por casi un año. Es la novia que más me duró.

En un momento estábamos hablando del significado de la vida después de ir a museos de arte juntos, y al segundo siguiente me entero que me estuvo metiendo los cuernos. Múltiples veces. Con múltiples tipos.

Aunque tengo que hacer esta concesión: Es lo más cercano que tuve a una amistad desde la niñez. Quizás sea por eso que tiene esa relación tan jodidamente patológica con mi vieja, por qué salen de compras juntas y por qué la sigue incluyendo en nuestros almuerzos de los domingos. Y, por supuesto, mi vieja no sabe lo de la cornamenta que tengo, aunque debe ser tan grande como la de un alce.

(Efecto de sonido: Tiro de escopeta. Un alce grita de dolor en el bosque.)

– Mamá, ¿cuántas veces tengo que explicarte que Victoria y yo cortamos hace dos meses?
Mamá me mira contrita. Hay un atisbo de una disculpa en sus ojos.
– Quería decirte adiós, Fede. Ella te quiere mucho.

(Sí, me quiere mucho, me quiere demasiado, pregúntenle a Javier, Iván y ¿me olvido de algún otro de sus noviecitos? Yo también la quería mucho. La amaba, incluso.)

Llegamos y la encontramos haciendo el check-in. Sí, el maldito check-in. A Córdoba. Y tiene una estúpida valija del tamaño de un niño de cuatro años.

Cuando finalmente me mira, es como si la hubiera encontrado en medio de la ejecución de un asesinato. Es un look inusual para ella, suele andar por el mundo como si le perteneciera. Cuando tienes las piernas tan largas y los ojos tan jodidamente azules, por lo general, el mundo suele pertenecerte.

– Esto no es lo que piensas. – Me dice.
– ¿No te confundiste de avión? ¿No te estás yendo a Buenos Aires, tu maldito Disneylandia, donde ibas a trabajar en Recursos Humanos de una multinacional? “No entiendo por qué te querés ir a Córdoba, pudiéndote ir a Buenos Aires”, ¿te suena a alguien? ¿No?
Hablo casi en un susurro para que mi vieja no escuche.
– Sos una stalker. Tienes un problema, Victoria, ¿sabías? El avión debería dejarte directo en el consultorio de una maldita psicóloga, no en Córdoba. ¡Córdoba es mía! ¡Es MI plan! No tienes derecho a…
Victoria me mira como si fuera un niño caprichoso.
– Tengo todo el derecho del mundo a cambiar de opinión. Puedo irme a Córdoba si quiero.
Cuando Victoria te habla así, puede parecer la maldita reina de Inglaterra. Cómo la detesto.
(Y también la extraño. Su confianza a veces resultaba contagiosa. Y no podía creer que me haya elegido a mí, entre todos.)
– Va a vivir en el mismo edificio que vos – me dice mi vieja – ¿No te alegra? Una cara conocida, en una ciudad nueva…

(Efecto de sonido: Grito intenso en una canción de metal.)

Autor: Virginia Castiglione

Arranqué mi vida universitaria con el Traductorado Público Nacional de Inglés en la Facultad de Lenguas de la Universidad Nacional de Córdoba, pero ahora sólo coqueteo con esa carrera: La cambié por la Licenciatura en Lengua y Literatura Inglesas. Si soy sincera, no sé exactamente qué quiero hacer con mi vida, excepto escribir. Soy fanática de la literatura anglosajona (pero no le hago ascos a la latinoamericana) y escribo cuentos, obras de teatro y poesía en inglés. Me considero una niña que no quiere compartir sus crayones atrapada en el cuerpo de una adulta y me encanta el arte experimental. Me puedes seguir en Twitter en @WithLoveVir


Compártelo:


18 comentarios

  1. “Yo también la quería mucho. La amaba, incluso” Fuerte.

  2. Sin dudas si fuese el prólogo de un libro ya estaría prendiendo el velador para quedarme toda la noche leyendolo. Muy bueno.

  3. No leo nada de cuentos, pero me atrapo, me gustaria seguir leyendo..

  4. Si fuese un libro iría a comprarlo en este mismo momento ?? (que siga por favor!!)

  5. Me encanto, espero leer mas de esta historia pronto! ?

  6. Me quise morir cuando vi que terminaba ahi.! No se le hace eso a la gente. ):

  7. Esto continua, no? Muy lindo relato!

  8. Muy bueno , no has pensado en una continuación ?

  9. Necesito mas de esto ,por favor?

  10. No podes no tener un blog personal donde subis estas historias! A mi me gusta escribir ciertas experiencias personales, pensamientos, reflexiones, hay mucha gente que escribe pero cuando te encontras con algo DISTINTO es facil reconocerlo. Queremos mas!

  11. Al principio creí que era el descargo de una persona real, y ya estaba envidiando y admirando a su hermana sabrina por estar haciendo una residencia en USA, con un futuro en neurocirugía

    • Totalmente…..el general de massachussets no es tan wow….pero sigue siendo una resi en eeuu que le pasa el trapo a creo que casi todas las nuestras jajaja

  12. Pareces un pibe de 15 años, déjala que haga lo que quiera, y a tus viejos háblale claro seguro te van a entender, consejo, estudia, rompe te el ort y convertite en el mejor en lo que haces

  13. Que siga, por favor!! Muy bueno!

  14. Yo también pensé que seguía.. No se hace eso cheeee

  15. Vamos a reconocer que esta bueno…pero que pinta esto con la facu ademas de un “no descargo personal” sobre los padres que menosprecian las carreras que elegimos?….

    sorry pero na….paso…

  16. Yo pensé que era una persona real, incluso los efectos de sonido te daban una idea de personalidad. Te atrapa y te olvidas del tiempo. Queremos más! No podés hacernos esto! Aunque sea pásanos un blog personal donde te esplayes con tus historias 🙂

Deja un comentario

Los campos requeridos estan marcados con *.