#SerUniversitario

Experiencias universitarias contadas por universitarios.

Un mensaje de esperanza

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Me gustaría comenzar esto que estoy por escribir (y que aún no estoy muy segura de cómo va a terminar) aclarando que, si bien no soy caprichosa ni selectiva respecto a quién decide leer esta pequeña reflexión, todo lo que viene a continuación está particularmente dedicado a todo aquél que se egrese este año de la secundaria y venga buscando consuelo y respuestas como un oasis en el medio del desierto. Esto es, como he aclarado en el título, estimado Egresado, un mensaje de esperanza.

Desde chica supe que iba a estudiar. No sabía bien qué, ni en dónde, pero –al menos para mí– era algo tan natural y de sentido común como decir que el cielo es azul. Tuve la suerte de que, en casa, siempre se preocuparan por transmitirme el valor de la educación y de estudiar; nunca tuvieron que sentarme y decirme “Querida, tenés que ir a la Universidad”. Nunca me sentí obligada a hacerlo, tampoco; mis hermanas, gracias al esfuerzo de mis padres (él escobero, ella empleada doméstica), también habían tenido la oportunidad de hacerlo, y no estaba en mis planes ser la excepción: lo tenía asumido, iba a egresar, y me iba a ir a estudiar. Pero lo más importante es que iba a devolverles todo lo que hicieron por mí, y hacerlos sentir orgullosos.

Tuve la suerte, también, de tener profesores maravillosos y con vocación que me inspiraron, ayudaron y guiaron durante (casi) toda la secundaria. A los 15 años ya tenía una noción bastante clara de qué era lo que me gustaba, lo que me resultaba fácil, lo que me costaba y lo que detestaba con todo mi corazón. Así comencé –aunque vaga y no tan seriamente– a buscar y considerar las distintas opciones que tenía al alcance para, el día que me pregunten “¿ya sabés qué vas a estudiar?”, pueda recitar, orgullosa y casi como un loro, “sí, voy a estudiar…”.

Pero esta es la cuestión: los años pasan más rápido de lo que parece, y te hacen la pregunta cada vez con más y más frecuencia, y cuando te das cuenta estás discutiendo con tus compañeros los colores del buzo de egresados, y después llega tu último primer día… La tranquilidad dura hasta que la realidad te golpea de lleno y sin aviso; y lo que algún día, de tan lejano que parecía, lo borrabas de tu mente pensando “total, tengo tiempo para elegir”, ahora es tanto real como inevitable… y te desesperás. Te desesperás, porque tenés miedo de que sea demasiado difícil, porque no querés equivocarte, porque no sabés cómo vas a poder dejar tu ciudad, tu familia, tu habitación, el perro, el árbol de la esquina; y la desesperación no te deja dormir… Y no entendés cómo el tiempo pudo haberte traicionado así y haber pasado tan rápido, y te desesperás.

Me pasé noches enteras sin dormir, desvelada, leyendo consejos de extraños en Internet, notas, blogs, tips para hacer amigos en la universidad e infinidad de consejos más; releyendo y considerando distintos planes de estudio, haciendo tests de orientación vocacional sólo para que me diga cosas que ya sabía; estudiando y memorizando mapas y calles y recorridos de colectivo, todo hasta que los primeros rayos del sol me avisaban que ya debería estar dormida… Procuré memorizar todo aquello, y tuve miedo; miedo de no estar a la altura, de que la gran ciudad y toda su parafernalia no fueran para mí, de no ser suficiente: lo suficientemente buena, lo suficientemente inteligente, lo suficientemente capaz. Temí lo suficiente como para inscribirme en dos –y casi tres– carreras, temí al punto de reconsiderar todo a un mes de irme, sentí más temor del que cabe en una persona. Temí mucho.

Sin embargo, y muy para mi alivio, el último día en casa todo ese miedo se desvaneció para sólo convertirse en tranquilidad. Un buen augurio. Y mi primer día de cursillo fue todo lo que esperé y más, como todos los que le siguieron; y no tuve que recordar ningún punto de ninguna de esas guías para hacer amigos que leí, porque descubrí que todos estábamos en la misma situación, muertos de miedo, y que todos buscábamos un amigo…

Pero lo más importante es que descubrí que había tomado la decisión correcta. No el haber elegido la carrera, ni la universidad, ni la ciudad que elegí – sino el haberme animado a tomar una decisión que dependía sólo y de nadie más que de mí; el escoger aventurarme en lo que es la experiencia universitaria y todo lo que supone, lo bueno y lo malo. Supe desde chica que iba a hacerlo y, de alguna forma, aún así me costó horrores decidirlo. Lo viví todo en carne propia y puedo asegurarte, Egresado, que no existe guía ni consejo alguno que puedan darte que te prepare verdaderamente para todo lo que viene.

Esto es todo lo que puedo decirte: no te dejes asustar y que te gane el miedo que ya describí y que estoy segura ya estás empezando a sentir – y en caso de que ya estés ahí, al borde de la crisis, dejame tranquilizarte y asegurarte que el día que pongas un pie en ese laberinto que se hace pasar por facultad y cruces con desconocidos miradas que, aunque nerviosas, están cargadas de emoción, todo el miedo va a desaparecer. Te vas a alegrar tanto de haber apostado por la universidad, y más importante, de haberte propuesto seguir construyendo tus capacidades, no sólo en términos de conocimiento, sino de compañerismo y autosuperación y humanidad, y todas esas cosas hermosas que te regala esta experiencia que nunca deja de enamorarte.

Pero de todas formas… ¿quién soy yo para aconsejarte, si después de todo, dije que ningún consejo sirve verdaderamente? Lamentablemente, y como yo y como todos, vas a tener que esperar… pero vas a ver que, independientemente de lo que elijas y de si es la decisión correcta o no, va a valer tanto, tanto la pena.

Autor: María Paula Celie

Adorable ingresante de Relaciones Internacionales en la UNR, amante de las películas periódicas y todo aquello a lo que le pueda poner salsa. Puedo recitar de memoria el guión de Madagascar 2. También me quejo en Tuiter: @paulicelie


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5 comentarios

  1. Qué lindo ver un post de nuestra querida (y a veces odiada) UNR! Vamos las provincias!

  2. Excelente post, sentí como si lo hubiera escribido yo misma por que comparto plenamente ese sentimiento de miedo y emoción que es empezar la facultad.
    Reitero, ¡excelente publicación Maria!

  3. A pesar del miedo y los nervios, para mi (y seguro que para mucho) el ingreso a la universidad fue una de las cosas más bonitas que me paso en la vida hasta el momento. Nunca voy a olvidar esos días.

  4. Me senti tan identificado xDD
    Gracias

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